Defensor destacado

- Doug, defensor de la NKF en Florida Siempre he llevado una pulsera que me hice yo mismo y en la que pone “No te creas ninguna excusa”. Estaba en Michigan, en una boda, y nadie sabía que tenía este problema renal. Conocí a la novia de mi sobrino político y charlé unos minutos con ellos, sin mencionar en ningún momento mi enfermedad. Unos meses más tarde, se casaron a 12 millas de donde vivo.  Ni siquiera sabían dónde vivía, y no nos habían invitado a la boda. En cuanto supe dónde se iban a casar, los invité a ellos y a los invitados a la boda al día siguiente a nuestra casa. Una vez más, no mencioné en ningún momento mi enfermedad; lo único que hicimos fue divertirnos y dar un paseo en barco. Cuatro meses después, estaban de vacaciones de vuelta en Florida y los llevamos a cenar.  Durante la cena, ella me preguntó qué ponía en mi pulsera. Le expliqué las palabras y mi enfermedad, y que doy charlas sobre el tema. Me preguntó cuál era mi grupo sanguíneo, y se lo dije. Ella comentó que ni siquiera estaba segura de cuál era el suyo y lo dejamos ahí. Sí le dije que iba al Tampa General para las visitas médicas y que también estaba dado de alta allí. Unas semanas más tarde, me llamó y me dijo que se había hecho el análisis de sangre y ¡que éramos compatibles! Añadió que sería un honor para ella donarme su riñón. Le di las gracias, pero le expliqué que había mucho más en juego que la simple compatibilidad sanguínea; además, soy 27 años mayor que ella, ella proviene de una familia de nueve hermanos, tiene dos hijos propios y, por si fuera poco, mi sobrino político también tiene dos hijos.  Además, casi nunca veo a mi familia en Míchigan, ya que nos mudamos de allí hace muchos años. Concluimos la conversación dándole las gracias por la oferta, pero diciéndole que estaba bien con mi vida tal y como era. Seis meses después, me llamó y me dijo que se había hecho todas las pruebas, las había enviado a Tampa y ese mismo día le habían comunicado que éramos compatibles. Programó la operación para un par de semanas más tarde y recibí su riñón.  Esa es la versión resumida de la historia. Ella cambió mi vida para siempre y yo organicé que diera una charla y estuviera con el grupo de médicos y enfermeros de la Universidad de Míchigan en la carrera de la NASCAR celebrada en Míchigan. ¡Vaya! El 18 de mayo se cumplieron dos años… Siempre hay esperanza y se trata de dar lo mejor de uno mismo con la enfermedad que se padece, sin excusas.
Doug (in the middle) advocating on Capitol Hill for kidney patients Doug (en el centro) como defensor de los intereses de los pacientes renales en el Capitolio

Doug Curtis May 2013 Doug, 18 de mayo de 2013

Mi implicación con la NKF comenzó en 2009, después de que recibiera un trasplante de riñón de mi hermana, Sarah. Desde entonces, he participado en numerosas marchas por el riñón, en los Juegos de Trasplantados de EE. UU. de 2010 y asistí al encuentro del Día Mundial del Riñón de 2012. La NKF es una organización increíble que ha hecho mucho por mí y por mi familia. ¡Gracias!– Matthew, defensor de la NKF en Ohio

Entre un grupo tan numeroso de defensores, fue estupendo conocer a “alguien como yo”. La experiencia de Matt con la falla renal y el trasplante es una fuente de inspiración. Diagnosticado cuando tenía veintitantos años, siguió cursando sus estudios de posgrado, corriendo maratones y participando en actividades de abogacía. Me da esperanza de que, tras un trasplante de riñón, yo también pueda volver a llevar una vida plena.– Ewo, defensora de la NKF en Florida

Ewo y Matt, defensores del Día Mundial del Riñón 2012