Kidney Recipient
Durante años, Gerardo Jimbo se había automedicado para tratar su gota debido a la falta de seguro médico, lo que acabó provocándole falla renal. Tras el diagnóstico, pasó tres años sometiéndose a diálisis en casa. Cuando nadie de su familia se mostró dispuesto a donarle un riñón, su esposa Mónica dio un paso al frente con valentía. Tras numerosas pruebas, los médicos determinaron que era una donante compatible. La operación que salvó la vida de Gerardo se llevó a cabo en el día más apropiado: el 14 de febrero de 2024. Hoy en día, Mónica y Gerardo son firmes defensores de la donación de órganos.
