La COVID-19 y su impacto en los pacientes renales que acuden a centros de diálisis de EE. UU.

Declaración conjunta de la National Kidney Foundation y la Sociedad Americana de Nefrología

18 de enero de 2022

La National Kidney Foundation (NKF) y la Sociedad Americana de Nefrología (ASN) destacan la precaria situación a la que se enfrentan las personas con falla renal, que se encuentran inmunodeprimidas, a medida que la reciente ola de Ómicron sigue propagándose entre los pacientes y el personal de los centros de diálisis. Los casos de COVID-19 están provocando enfermedades graves, lo que obliga a acortar los tiempos de tratamiento de los pacientes y agrava la escasez de personal y suministros, lo que dificulta el acceso a este tratamiento vital. El impacto de la COVID-19 en las personas con enfermedades del riñón ha provocado el primer descenso en el número de pacientes en diálisis en Estados Unidos en los 50 años de historia del Programa de ESRD de Medicare.

La escasez de personal y suministros también ha provocado la clausura de centros de diálisis y retrasos en el traslado de pacientes entre centros de diálisis, hospitales y centros de enfermería especializada (SNF). Aunque agilizar el acceso a la diálisis en casa facilita el distanciamiento social y podría reducir la presión derivada de la falta de personal, esta posible solución no resolverá el problema agudo. Se requieren medidas inmediatas para garantizar que los centros de diálisis dispongan de los suministros y el personal necesarios.

La NKF y la ASN recomiendan a los gobiernos federal, estatales y locales:

  • Intervengan para paliar las crisis de suministro (por ejemplo, concentrados de dializado) en los centros de diálisis debidas a la falta de personal de almacén y de transporte por carretera.
  • Distribuyan mascarillas de alto nivel, homologadas por el Gobierno, a los centros de diálisis.
  • Suspender temporalmente la normativa vigente de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) que exige el uso de jeringas de solución salina precargadas —que no están disponibles en algunos lugares— hasta que pase la crisis aguda.
  • Animen a los gobiernos estatales y federales a permitir la reciprocidad para que las enfermeras puedan ejercer dentro del estado, independientemente de si este forma parte del pacto, durante esta crisis aguda.

En Estados Unidos hay 783,000 personas con falla renal, y algo menos de 500,000 de ellas requieren diálisis para mantener la vida, que se administra en un centro de diálisis tres veces por semana, cuatro horas al día. Durante los tratamientos de diálisis, los pacientes suelen sentarse cerca de otros pacientes y del personal en centros que no siempre están bien ventilados. Muchos de estos pacientes son personas mayores, con bajos ingresos y procedentes de comunidades históricamente desfavorecidas, y la mayoría padecen enfermedades subyacentes como diabetes y enfermedades cardiovasculares.

A pesar de los esfuerzos concertados de las organizaciones de diálisis, los nefrólogos y otros profesionales sanitarios para frenar su propagación, la COVID-19 sigue propagándose sin control por los centros de diálisis. Según datos del Sistema de Datos Renales de EE. UU. (US Renal Data System), el 15.8% de todos los pacientes en diálisis en Estados Unidos había contraído la COVID-19 a finales de 2020. Durante la ola del invierno de 2020, las muertes semanales por COVID-19 alcanzaron un máximo de casi el 20%, y la mortalidad anual durante 2020 fue un 18% superior a la de 2019.[1]

A pesar de estas elevadas tasas de infección y mortalidad, los pacientes en diálisis no fueron considerados prioritarios para acceder a la vacunación cuando las vacunas estuvieron disponibles hace un año, a pesar de que las pruebas demuestran que la respuesta inmunitaria a la vacunación es más débil en estos pacientes. Además, aunque los niveles de anticuerpos disminuyen más rápidamente en los pacientes en diálisis que en la población general[i], ni la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ni los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) les dieron prioridad cuando se aprobaron las terceras dosis de la vacuna en agosto.[2] Asimismo, los pacientes en diálisis también quedaron excluidos de los grupos con derecho a recibir terapia profiláctica con anticuerpos de acción prolongada dirigida contra el virus SARS-CoV-2. Por último, los Institutos Nacionales de Salud no recibieron financiación para la investigación sobre la COVID-19 destinada a ayudar a las personas con enfermedades del riñón o falla renal en ninguno de los paquetes de ayudas del año pasado.

Otro reto es la ausencia de tratamientos adecuados para las personas con falla renal. Aunque están surgiendo tratamientos que reducen el riesgo de COVID-19, las indicaciones actuales excluyen a las personas con falla renal, ya que a menudo se las excluye de los ensayos clínicos. Esta práctica es inaceptable. La NKF y la ASN instan a los fabricantes a garantizar que estos productos incluyan posologías para pacientes con falla renal. Además, instamos a la FDA a que reconozca la disminución de la inmunidad en las personas vacunadas con falla renal y garantice que se aprueben tratamientos mediante la Autorización de Uso de Emergencia (EUA) para pacientes inmunodeprimidos.

Dado que la Administración Biden está adquiriendo nuevos tratamientos contra la COVID-19 para su distribución en Estados Unidos, es fundamental que se dé prioridad de acceso a los pacientes en diálisis y al personal sanitario. El hecho de no haber dado prioridad a los pacientes en diálisis para el acceso a la vacunación al inicio de esta pandemia tuvo consecuencias de gran alcance en cuanto a hospitalizaciones y fallecimientos. No debemos permitir que se repita este mismo error.

Por último, la COVID-19 se asocia a un riesgo significativo de lesión renal aguda (LRA), incluso en personas con función renal conservada, lo que da lugar a enfermedades graves e incluso a la muerte, y a menudo requiere diálisis y otras formas de terapia de sustitución renal. En repetidas ocasiones durante la pandemia, y una vez más durante el actual repunte de la variante Ómicron, muchos hospitales han tenido dificultades para proporcionar este tratamiento vital a los pacientes debido a la escasez tanto de personal cualificado como de suministros. 

Es imperativo que Estados Unidos haga todo lo que esté en su mano para prepararse ante futuros repuntes de casos de COVID-19 y evitar muertes innecesarias entre las personas más vulnerables. La NKF y la ASN están dispuestas a colaborar con los responsables políticos y los fabricantes para alcanzar este objetivo.

 

Datos sobre la enfermedad del riñón

Se estima que, en Estados Unidos, 37 millones de adultos padecen enfermedad del riñón, también conocida como Enfermedad Renal Crónica (ERC), y aproximadamente el 90% no sabe que la padece. Uno de cada tres adultos en EE. UU. corre el riesgo de padecer enfermedad del riñón. Entre los factores de riesgo de la enfermedad del riñón se incluyen: la diabetes, la presión arterial alta, las enfermedades cardíacas, la obesidad y los antecedentes familiares. Las personas de ascendencia negra/afroamericana, hispana/latina, indígena americana/nativa de Alaska, asiático-americana o nativa de Hawái/otras islas del Pacífico tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad del riñón. Las personas negras/afroamericanas tienen más de tres veces más probabilidades que las personas blancas de padecer falla renal. Los hispanos/latinos tienen 1.3 veces más probabilidades que los no hispanos de padecer falla renal.

Aproximadamente 785,000 estadounidenses padecen falla renal irreversible y necesitan diálisis o un trasplante de riñón para sobrevivir. Más de 555,000 de estos pacientes reciben diálisis para sustituir la función renal y 230,000 viven con un trasplante. En estos momentos, casi 100,000 estadounidenses se encuentran en lista de espera para un trasplante de riñón.  Dependiendo del lugar de residencia del paciente, el tiempo medio de espera para un trasplante de riñón puede oscilar entre tres – siete años.

Acerca de la National Kidney Foundation

La National Kidney Foundation (NKF) es la organización más grande, completa y con mayor trayectoria centrada en el paciente, dedicada a concientizar, prevenir y tratar la enfermedad del riñón en EE. UU. Para obtener más información sobre la NKF, visita www.kidney.org y síguenos en Facebook, Twitter, LinkedIn e Instagram.

Acerca de la Sociedad Americana de Nefrología

Desde 1966, la ASN ha liderado la lucha para prevenir, tratar y curar las enfermedades del riñón en todo el mundo mediante la formación de profesionales sanitarios y científicos, el fomento de la investigación y la innovación, la difusión de nuevos conocimientos y la defensa de una atención de la máxima calidad para los pacientes. La ASN cuenta con más de 21,000 miembros que representan a 131 países. Para obtener más información, visite www.asn-online.org y síganos en Facebook, Twitter, LinkedIn e Instagram.

 

[1] https://adr.usrds.org/2021/supplements-covid-19-disparities/13-covid-19…

[2] Anand S, et al. Annals of Internal Medicine, 14 de diciembre de 2021; M21-4176. (PMID: 34904856)