La gota y la enfermedad del riñón

La gota puede ser un síntoma de enfermedad del riñón. Un exceso de ácido úrico provoca dolor e hinchazón en las articulaciones. Hazte una revisión y trata la gota a tiempo para proteger tus riñones.

Resumen

El ácido úrico se transporta a través de la sangre hasta los riñones. A continuación, los riñones lo eliminan a través de la orina, para que pueda salir del organismo. Sin embargo, a veces los niveles de ácido úrico en sangre son demasiado altos. Esto ocurre porque: el organismo produce demasiado ácido úrico y/o los riñones no pueden eliminarlo en cantidad suficiente a través de la orina, por lo que se acumula en la sangre (la causa más habitual). Por eso, padecer gota y tener niveles elevados de ácido úrico pueden ser signos de enfermedad del riñón, así que, si tienes gota, hazte una revisión para descartar una enfermedad del riñón.

Si ya sabe que padece una enfermedad del riñón, consulte a sus profesionales de la salud sobre la gota. Algunos estudios indican que la gota y los niveles elevados de ácido úrico pueden dañar los riñones. Es muy importante tratar la gota de forma precoz para proteger los riñones de un mayor daño.

Es posible que los niveles elevados de ácido úrico no causen problemas a muchas personas, pero en algunas pueden provocar gota.

Causas

La gota se produce cuando los niveles de ácido úrico —un producto de desecho normal del organismo— en sangre son demasiado elevados. El ácido úrico procede de la descomposición de las purinas, unas sustancias químicas que se encuentran tanto en nuestra alimentación como en nuestro organismo. En algunas personas, los niveles elevados de ácido úrico pueden transformarse en cristales que se depositan en las articulaciones.

Estos cristales pueden provocar dolor e hinchazón que limitan la movilidad. Con el tiempo, también pueden alterar la forma de las articulaciones.

Algunas personas con gota muy grave desarrollan tofos, que son nódulos de ácido úrico bajo la piel. Suelen formarse en las articulaciones, los dedos y la parte superior de la oreja.

Riesgo

Hay muchos factores que pueden aumentar el nivel de ácido úrico en el organismo, entre ellos determinados alimentos, otras enfermedades o ciertos medicamentos. La deshidratación (la falta de agua) también puede aumentar la concentración de ácido úrico en la sangre. Otros posibles factores de riesgo son la obesidad, la edad y los antecedentes familiares de gota.

Síntomas

  • Hinchazón
  • Sensibilidad
  • Rigidez
  • Enrojecimiento

Más de la mitad de los pacientes sufren su primer ataque de gota en el dedo gordo del pie (lo que se conoce como ‘podagra’), y la mayoría de los pacientes lo sufrirán allí en algún momento a lo largo de la enfermedad.

Complicaciones

Si la gota no se trata, puede convertirse en un problema crónico y afectar a muchas articulaciones a la vez, tanto en la parte inferior como en la superior del cuerpo. En esta etapa, las articulaciones pueden resultar dañadas y el dolor es constante. También pueden formarse tofos en muchas otras partes del cuerpo.

En algunas personas, los cristales de ácido úrico pueden formar cálculos renales. Estos cálculos son muy dolorosos y pueden dañar los riñones al:

  1. impidiendo que los riñones eliminen los desechos, lo que puede provocar infecciones, y
  2. provocando cicatrices en los riñones con sus bordes afilados. Ambos problemas pueden conducir a una enfermedad renal crónica (ERC) e incluso a una falla renal.

Gota refractaria

La gota refractaria es una forma poco frecuente de gota grave. Tanto la gota como la gota refractaria son muy dolorosas, pero la gota refractaria suele provocar problemas graves, como daño articular permanente y dificultades para moverse y caminar. Es posible que la gota refractaria no remita con los tratamientos habituales. Puede que se necesiten otros medicamentos. Las personas con gota o con gota refractaria también pueden tener problemas renales.

En la gota refractaria, los niveles de ácido úrico se mantienen elevados con el tratamiento habitual y los síntomas (incluidas las articulaciones dolorosas e inflamadas) se vuelven crónicos, es decir, a largo plazo o permanentes.

Además de los síntomas mencionados anteriormente, también pueden aparecer los siguientes problemas:

  • Artritis crónica
  • Bultos o nódulos en las manos, los codos u otras partes del cuerpo. Estos están causados por depósitos duros de ácido úrico bajo la piel, conocidos como tofos, que pueden ser dolorosos y deformantes.

Diagnóstico

En la exploración física se buscarán signos y síntomas relacionados con la gota. También se revisarán los antecedentes médicos y familiares. Se analizarán los niveles de ácido úrico en sangre y orina. Asimismo, podría examinarse el líquido de una articulación afectada para detectar cristales de gota. Las pruebas para diagnosticar la gota pueden incluir lo siguiente:

  • Artrocentesis, también denominada aspiración de líquido sinovial de la articulación: se utiliza una aguja para extraer líquido de una articulación y comprobar si contiene cristales de ácido úrico. El líquido se examina al microscopio para detectar cristales. Este método es el de referencia para diagnosticar la gota.
  • Técnicas de imagen: La ecografía, la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM) también se han utilizado para diagnosticar la gota.
  • Nivel de ácido úrico: El análisis de sangre para determinar el ácido úrico se denomina ácido úrico sérico (sUA) y el rango normal depende de la edad, el sexo y los valores normales de cada laboratorio. La mayoría de los expertos afirman que, si se padece gota, el nivel de ácido úrico debe mantenerse por debajo de 6.0 mg/dL para prevenir los ataques de gota. Algunas personas pueden necesitar mantener su nivel de ácido úrico por debajo de 6.0 mg/dL.

Pruebas

La enfermedad del riñón se diagnostica mediante dos pruebas sencillas:

  1. Tasa de filtración glomerular (TFG): un análisis de sangre que comprueba la eficacia con la que los riñones filtran los residuos de la sangre.
  2. Relación albúmina-creatinina (RAC): un análisis de orina que indica si los niveles de proteína (albúmina) son demasiado altos, lo que puede indicar daño renal.

Tratamiento

La gota se puede controlar mediante cambios en la dieta, medicación y el tratamiento de otras afecciones que elevan los niveles de ácido úrico.

Medicamentos

Brotes repentinos de gota: los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno y el naproxeno, son comprimidos que normalmente se evitan en la ERC. A menudo se utiliza la colchicina en comprimidos, pero la dosis se reduce en personas con ERC. En ocasiones se utiliza la cortisona en la ERC, y puede administrarse en comprimidos o mediante inyección.

Tratamiento a largo plazo para reducir el ácido úrico y prevenir los brotes de gota: el alopurinol, el febuxostat, el probenecid y el lesinurad son todos comprimidos. La pegloticasa se administra por vía intravenosa en casos de gota grave que no mejora con los comprimidos. Al iniciar el tratamiento a largo plazo, también tomará uno de estos medicamentos durante un tiempo para prevenir los brotes de gota: colchicina; un AINE, si es seguro para usted; o cortisona.

Cambios en el estilo de vida

Evita o limita los alimentos y bebidas con alto contenido en purinas, como las vísceras, el marisco, la cerveza y los productos con jarabe de maíz con alto contenido en fructosa. Reducir el consumo de proteínas animales, como la carne, mantiene la orina menos ácida, lo que puede disminuir el riesgo de crisis de gota y cálculos renales. Come muchas verduras y frutas.

Bebe mucha agua, a menos que los profesionales de la salud te indiquen que debes limitar la ingesta de líquidos. Bebe agua también por la noche, cuando los cristales tienden a formarse con mayor frecuencia.

Trate la enfermedad del riñón, la obesidad, la presión arterial alta, la hiperglucemia y las enfermedades cardíacas, ya que pueden aumentar los niveles de ácido úrico y el riesgo de padecer gota. Revise todos los medicamentos y suplementos con su profesional de la salud, ya que algunos pueden aumentar los niveles de ácido úrico.

Suplementos

Antes de tomar cualquier medicamento o suplemento, consulta con tu médico, farmacéutico u otro miembro de tu equipo sanitario para asegurarte de que no dañen tus riñones.

Algunos medicamentos a base de plantas pueden contener ingredientes que pueden dañar los riñones o agravar la enfermedad del riñón. También pueden interactuar con los medicamentos recetados, ya sea aumentando o disminuyendo su eficacia.

Reducción del riesgo

  • Come de forma saludable. Concientízate sobre el tamaño de las raciones y no te saltes las comidas.
  • Mantén un estilo de vida más activo.
  • Controla la presión arterial alta y la hiperglucemia.
  • Pierde peso si es necesario. El exceso de peso puede provocar presión arterial alta y diabetes, lo que puede dañar los riñones.
  • Evita los AINE, como el ibuprofeno y el naproxeno, que pueden dañar los riñones.
  • No tomes suplementos a base de hierbas. Muchos productos a base de hierbas pueden dañar los riñones.
  • No fume. Fumar aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y pulmonares, así como de sufrir un ictus.
  • Si necesita someterse a una prueba como una resonancia magnética con medio de contraste, asegúrese de que su médico evalúe primero su función renal.
  • Conozca los resultados de sus pruebas de taza de filtración glomerular (eGFR, por sus siglas en inglés) y UACR.

Laboratorios

Puedes hablar con tu equipo sanitario sobre cómo acceder a los resultados de tus análisis (en papel o en línea, dependiendo de la consulta). También es posible que puedas acceder directamente a los resultados de tus análisis desde el propio laboratorio.

Además, puede realizar un seguimiento de su nivel de ácido úrico sérico (sUA) (cantidad de ácido úrico en sangre), la taza de filtración glomerular (eGFR, por sus siglas en inglés) y la relación albúmina-creatinina utilizando la herramienta en línea “Gout and Uric Acid Tracker” (Seguimiento de la gota y el ácido úrico); para ello, haga clic aquí (descarga en Excel) o imprima la versión en PDF.

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Este contenido se proporciona únicamente para el uso informativo y no se pretende como consejo médico o como sustituto del consejo médico de un profesional de la salud.
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