La historia de dos trasplantes de riñón: la familia sale al rescate

May 10, 2024

Cada año, millones de personas reciben un diagnóstico médico que cambia el rumbo de sus vidas para siempre. Para Nichole, ese momento llegó en 2007. Unos meses después de terminar el instituto, un reconocimiento médico rutinario para acceder a la universidad reveló una verdad devastadora: los riñones de Nichole no funcionaban correctamente.

Diagnosticada con Enfermedad del Riñón

Nichole no esperaba recibir una llamada de su médico con malas noticias. 

“Entregué una muestra de orina durante el reconocimiento médico. Me sorprendió que mi médico me llamara para decirme que mi orina contenía mucha proteína. Era un indicio de que mis riñones podrían tener algún problema”, explicó Nichole. “Podría haber sido un caso aislado causado por una infección o un síntoma de un problema más grave. Me programaron una visita de seguimiento unas semanas más tarde”.

Nichole entregó una segunda muestra de orina, con la esperanza de que el nivel de proteína hubiera disminuido. Por desgracia, el resultado fue peor que el anterior. 

“El siguiente paso fue una biopsia. Esta reveló que padezco glomeruloesclerosis focal y segmentaria (FSGS). La FSGS provoca cicatrices en las células renales, por lo que estas no funcionan correctamente. Esto hace que se pierda mucha más proteína por vía renal”, explicó Nichole. “Hice todo lo que pude para controlar la enfermedad. Durante dos años, viajaba cuatro horas de ida desde la universidad hasta mi ciudad natal para ver a mi nefrólogo”.

Los desplazamientos pasaron factura a Nichole, ya que su función renal siguió deteriorándose.

Nichole (R) smiling in a hospital bed with her brother in the background

“Me cambié a una universidad más cercana a casa. Al final, resultó ser la mejor decisión para mí. Mi estado de salud empeoró mucho durante mis últimos años de universidad”, explicó Nichole. “Mi función renal se deterioró. Me sentía mal, no tenía energía y estaba hinchada”.

Durante los dos años siguientes, Nichole tuvo que lidiar con estos molestos síntomas mientras sus médicos intentaban salvarle los riñones. 

“Al terminar la universidad, ya no se podían salvar mis riñones. Necesitaba un trasplante”, explicó Nichole. “Brandon, mi hermano mayor, me donó un riñón. Me salvó de la diálisis. Aparte de las citas médicas mensuales, llevaba una vida como cualquier otra persona. Tenía un trabajo, veía a mis amigos y me dedicaba a mis aficiones”.

Nichole (L) and Brandon (R) smiling in the hospital together

Incluso decidió tener un hijo. 

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La pérdida de su trasplante

En 2017, Nichole colaboró con su equipo médico para quedarse embarazada.

“Me cambiaron la medicación y el embarazo fue perfectamente hasta que mi hija creció”, explicó Nichole. “Su sitio favorito para sentarse era sobre mi riñón trasplantado”. 

Cada pocos días, Nichole acudía a fisioterapia y a clases de yoga para que su bebé se apartara del riñón trasplantado. Esta rutina continuó hasta seis semanas antes de la fecha prevista para el parto. Los médicos determinaron que su creatinina estaba subiendo demasiado. 

“Tenía que someterme a una inducción del parto. Ingresé en el hospital un martes por la noche. Me administraron un esteroide para ayudar a que los pulmones de mi hija se desarrollaran más rápidamente”, explicó Nichole. “Me indujeron el parto el miércoles, pero no di a luz hasta el viernes por la tarde”.

Fueron tres días largos y dolorosos, pero merecieron la pena. La bebé de Nichole estaba sana y su función renal se recuperó.

“Me encantó ser madre desde el primer día”, dijo Nichole. “No hay nada comparable a la felicidad que me da estar con mi hija, verla crecer y organizar actividades divertidas para ella”.

Sus días estaban llenos de descubrimientos, risas y aprendizaje. Entonces llegó la COVID-19.

Nichole in pain in the hospital

“Hice todo lo que me recomendó mi nefrólogo para mantenerme sana. Llevaba mascarilla, evitaba las aglomeraciones y educaba a mi hija en casa. Aun así, me contagié el 1 de diciembre de 2021”, explicó Nichole. “Tras mi cuarentena, fui al médico. Mi creatinina se había disparado. La situación no pintaba bien para mi riñón”.

Una biopsia reveló que Nichole tenía nuevos anticuerpos que atacaban el riñón. El equipo médico de Nichole puso en marcha un plan de tratamiento intensivo con la esperanza de salvarlo.

“Me purificaban el plasma sanguíneo con regularidad. Tomaba esteroides en dosis altas y me administraban infusiones de medicación”, explicó Nichole. “Era alérgica a las infusiones y los efectos secundarios eran horribles: urticaria, vómitos y picor. Una vez incluso se me cerró la garganta. Los esteroides provocaban que se me acumulara líquido en los ojos. Todavía me ponen inyecciones en los ojos para combatir eso”. 

En 1 de setiembre de 2023, quedó claro que nada funcionaba. A Nichole le colocaron un catéter y recibió diálisis en el hospital durante dos semanas antes de recibir formación para la diálisis en casa.

“Mi enfermera de diálisis en casa era increíble. Era amable y me explicaba todo muy bien mientras me enseñaba”, cuenta Nichole. “La diálisis en casa suponía mucho trabajo, pero era la mejor opción para mí”.

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La familia vuelve a salvar el día

La madre de Nichole, Judith, se puso manos a la obra en cuanto supo que el trasplante de su hija estaba fallando.

Judith in protective gear at hospital smiling

“Mi madre comenzó el proceso de evaluación como donante vivo de riñón en octubre de 2023. El 8 de febrero de 2024 ya estábamos en el quirófano. El trasplante salió a la perfección”, explica Nichole. “Mi madre se fue a casa al día siguiente. Yo solo estuve tres días en el hospital. Me esforcé mucho por volver a casa con mi hija”.

Durante los últimos meses, Nichole ha aprendido mucho sobre sí misma y sobre su nuevo riñón, que es más sensible a la medicación y requiere una infusión mensual de treinta minutos. 

“Este riñón se siente diferente al otro, pero estoy muy agradecida a mi madre”, dijo Nichole. “A pesar de mi gratitud, me siento culpable por haber contraído la COVID, haber perdido mi primer trasplante y haberle quitado un riñón a otro miembro de la familia. La FSGS no desaparece, por lo que podría atacar a este riñón. Mi pequeña sabe que este trasplante puede fallar algún día. Quiere darme un riñón cuando sea mayor. Esa es otra carga que pesa en mi mente”.

A pesar de estos temores persistentes, Nichole tiene esperanza en el futuro. 

Nichole, her daughter, and mother in an NKF photo shoot

“Tardé un año en volver a la normalidad tras mi primer trasplante. Espero que con este sea igual”, dijo Nichole. “Estoy deseando disfrutar de muchos años felices con mi hija y mi familia”. 

Desde la gratitud y la ilusión hasta la culpa y la tristeza, recibir un trasplante de un ser querido puede provocar una amplia gama de emociones. No tienes por qué afrontarlas sola. NKF Peers está aquí para ayudarte. 

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Lee “Una historia de dos trasplantes de riñón: Parte 2” para saber más sobre los donantes de Nichole, Brandon y Judith.

Este contenido se proporciona únicamente para el uso informativo y no se pretende como consejo médico o como sustituto del consejo médico de un profesional de la salud.
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