January 04, 2023
Natasha Kelly era una estudiante de primer curso de universidad, llena de ilusión, cuando se dio cuenta por primera vez de que algo no iba bien con su salud. Empezó a sentirse rara y agotada, y apenas podía recorrer la corta distancia que la separaba de sus clases. Los médicos del campus no sabían qué diagnosticarle, ya que los resultados de sus análisis de sangre eran bastante normales, con solo un ligero descenso en la función renal. Natasha volvió a casa de sus abuelos, ya que no podía hacer frente al cansancio cada vez mayor ni seguir el ritmo de sus estudios.
El diagnóstico de lupus de Natasha

La familia de Natasha estaba decidida a averiguar qué estaba pasando. Encontraron a un médico excelente en Nueva York que interpretó el ligero deterioro de la función renal, junto con el resto de síntomas, como indicios de un problema más grave y determinó que el lupus era la causa más probable.
“Solo tenía 18 años y no tenía antecedentes familiares de lupus ni de enfermedad del riñón, así que fue un shock total”, cuenta Natasha. “Pasé de ser una estudiante universitaria normal y corriente a dejar la universidad y acudir a citas médicas, entregar muestras de orina y probar nuevos medicamentos para intentar frenar el lupus”.
Por suerte, los medicamentos empezaron a ayudar a mitigar los síntomas del lupus, por lo que pudo volver a la universidad.
“Sentía que por fin volvía a ser yo misma. Me apunté a diferentes actividades extraescolares, me uní a una hermandad y, en general, me sentía bien. Me licencié y me mudé a California para hacer unas prácticas en el mundo de la moda», explicó Natasha. «Empecé a encontrarme mal de nuevo en 2014. Como estaba tan contenta de estar sana, no siempre fui constante con la medicación. Al tener poco más de veinte años, deseaba desesperadamente llevar una vida normal».
Los médicos le comunicaron a Natasha que sus riñones funcionaban al 40% y que su función se estaba deteriorando rápidamente; tendría que empezar con la diálisis si no actuaban de inmediato.
“Por desgracia, tuve que someterme a diálisis, pero solo durante tres meses. Parecía como si mis riñones se hubieran ‘adormecido’ y la diálisis les ayudó a volver a funcionar”, explicó Natasha. “Al seguir mi tratamiento con rigor, pude conservar mi función renal durante otros cuatro años”.
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Vivir con falla renal y perseguir sus sueños

En diciembre de 2017, Natasha ingresó en el hospital con falla renal. Deseando contar con el apoyo de su familia, regresó a casa.
“Decidí volver a casa, empezar un curso en línea para convertirme en ingeniera de software certificada e intentar controlar mejor la enfermedad”, explicó Natasha. “Por desgracia, mi salud siguió empeorando y empecé a someterme a diálisis de forma permanente”.
Natasha pasaba las mañanas en las citas de hemodiálisis en el centro y las tardes asistiendo a clases para perfeccionar sus nuevos conocimientos de software.
“La gente no paraba de preguntarme cómo me las arreglaba para hacer ambas cosas, ya que la diálisis es como tener un trabajo a tiempo completo y yo estaba muy cansada todo el tiempo. Sentía que tenía que crear algún tipo de normalidad para mí misma”, explica Natasha. “Nunca vi la diálisis como una sentencia de muerte. Para mí fue una oportunidad de seguir teniendo cierta calidad de vida. No era perfecta, pero hice todo lo posible por sacarle el máximo partido. Me propuse convertirme en ingeniera de software y me sentí muy orgullosa de mí misma por ese cambio de vida».
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Recibir un trasplante de riñón

Tras seis años en diálisis, Natasha recibió una llamada inesperada en plena noche el 14 de setiembre de 2022: ¡un hospital cercano tenía un riñón para ella!
“Fue como en una película. ¡No me lo podía creer! Me inscribí para un trasplante de riñón en varios centros diferentes, sin saber si finalmente se llevaría a cabo”, explicó Natasha. “Me sometí a la operación y permanecí en el hospital una semana para que mi nuevo riñón se adaptara”.
A pesar de algunos contratiempos a la hora de encontrar los medicamentos inmunosupresores adecuados, el riñón de Natasha funciona y ella se encuentra sana y feliz.
“Recuerda quererte a ti misma. Recibir un trasplante es un acontecimiento que te cambia la vida, tu cuerpo es diferente al de antes y la medicación puede suponer un gran esfuerzo”, dijo Natasha. “En momentos de estrés o preocupación, me ayuda recordar que las cosas no me están pasando sin más. Soy yo quien lleva las riendas”.
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