September 15, 2022
María Madak creció sometiéndose a revisiones periódicas y análisis de sangre para controlar su función renal, debido al riesgo de padecer nefropatía por IgA (IgAN), un tipo de enfermedad del riñón. Cuando María se fue de casa, dejó de acudir a las citas frecuentes, ya que hasta ese momento nunca había tenido ningún problema de función renal. Sí que sufrió varios episodios de enfermedad durante los años siguientes, pero desaparecieron con el tratamiento, por lo que no se preocupó demasiado.
Sin embargo, a medida que se acercaba su 26.º cumpleaños, Maria empezó a sufrir enfermedades más frecuentes y dolorosas de las que parecía no recuperarse nunca por completo. Como no tenía un médico de cabecera, acudió a diversas clínicas y hospitales en los que tuvo la sensación de que no se tomaban en serio sus preocupaciones, sus síntomas ni los resultados de sus análisis. En 2018, Maria defendió sus propios intereses y encontró un médico que escuchó sus temores respecto a la enfermedad del riñón.
El diagnóstico de María
María había dado por hecho que la IgAN no le afectaría hasta que fuera mayor, como le había pasado a su padre, pero una biopsia renal demostró lo contrario.
“Una semana después de la biopsia, tuve esa extraña sensación en el estómago de que algo no iba bien. Fui a la consulta del médico para una revisión, me hicieron más pruebas y el médico entró y me dio la noticia de que tenía IgAN”, cuenta María. “Tenía 26 años, pero la función renal de una persona de 80, y me sentí abrumada y asustada. Sabía que la enfermedad del riñón era hereditaria por parte de mis dos padres, así que sabía que existía la posibilidad de que yo también la tuviera, pero no pensé que me afectaría tan pronto”.
María comenzó una serie de tratamientos y medicaciones para intentar frenar el daño renal.
“Me recetaron esteroides, inmunosupresores y medicamentos para la presión arterial alta. Los efectos secundarios eran horribles. Me provocaban cansancio, mareos, náuseas, hinchazón, acidez estomacal y dolores de cabeza”, explicó María. “Me acostumbré y aprendí a vivir con ello. Pero en octubre de 2020, me puse enferma y me costaba mucho levantarme de la cama. Tenía la presión arterial alta, unos dolores de cabeza muy fuertes y vómitos».
Por desgracia, el ciclo de sentirme bien y luego estar muy enferma se prolongó durante seis meses antes de que decidiera volver al médico para hacerme más análisis de sangre.
“Pensaba que se debía al estrés, pero mi intuición me decía que era otra cosa. Así que acudí a mi médico de cabecera y me hice unos análisis”, explicó María. “Al día siguiente, me dijeron que padecía falla renal”.
El trasplante de riñón de María
Mientras María esperaba un riñón, se sometía a diálisis peritoneal durante 9 horas cada noche y seguía una dieta baja en sodio, fosfato y potasio. Quería hacer todo lo posible por mantenerse sana durante los 3 – 5 años que probablemente tardaría en encontrar un riñón.
Sin embargo, menos de un año después recibió una llamada sorpresa de una clínica de trasplantes: ¡tenían un riñón y ella era la primera en la lista de espera!
“¡Fue un momento emocionante, y todo sucedió tan rápido! Esa noche, mi marido y yo volamos desde Seattle (Washington) a Washington D. C. En menos de 24 horas, ya estaba en el hospital. El 21 de marzo de 2022, a las 2:20 de la madrugada, me dirigía al quirófano. Seis horas más tarde, a los 29 años, ya tenía oficialmente tres riñones”, explicó María. “Mi nuevo riñón procede de un hombre de 20 años fallecido, que era militar y que, por desgracia, sufrió un accidente de tráfico. Estaré eternamente agradecida por su generosidad al convertirse en donante. Me salvó y me dio otra oportunidad de vivir. Puede que no sepa quién es, pero siempre formará parte de mí”.
La primera semana tras la operación fue difícil para María, pero en la segunda semana pudo trasladarse a una habitación de hotel para recuperarse en un entorno más cómodo. Como el centro de trasplante estaba muy lejos de su casa, María pasó cuatro semanas más en la zona reuniéndose con su farmacéutico, su nutricionista y su nefrólogo antes de volver a casa.
“Cuento con un sistema de apoyo muy bueno. Mi marido ha estado a mi lado en las citas, durante la formación sobre diálisis peritoneal domiciliaria y tras la operación”, dijo María. “Le estoy muy agradecida por ello, sobre todo porque es militar. Sé que no fue fácil, pero lo hizo. Mi familia y mis amigos también me han apoyado mucho”.
Ahora, María está estupendamente: “Todo mejoró tras el trasplante de riñón. Me siento mucho mejor que el año pasado; ¡con más energía, más feliz y más viva!”.
El consejo de María
Ahora que María ya ha superado su trasplante de riñón, quiere compartir los siguientes consejos.
Si tienes una enfermedad del riñón: “Para cualquiera que padezca una enfermedad del riñón, sobre todo los jóvenes, sé que da miedo tenerla, estar en diálisis y someterse a un trasplante, pero mantén la esperanza. Mantente alerta, come bien, toma tus medicamentos y sé constante con tus análisis y visitas al médico”.
Si eres un familiar o un padre/madre de alguien con enfermedad del riñón: “Apóyalos siempre, porque es duro. Necesitan todo el apoyo y el cariño que puedas darles para superar esto. Puede ser algo tan sencillo como hablar con ellos o llevarlos a las citas médicas. Es un proceso de adaptación para todos, pero mientras todos los implicados se apoyen mutuamente, todo irá bien”.
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