Una madre salva la situación gracias al programa de intercambio de riñones entre parejas

January 24, 2023

Elizabeth Archuleta tenía problemas para controlar la vejiga cuando era niña, pero los profesionales de la salud creían que se le pasaría con la edad. Por desgracia, no fue así. A medida que fue creciendo, sus problemas de vejiga le provocaron infecciones del tracto urinario (ITU) constantes y dolorosas que la llevaron a ingresar en el hospital en 2008. 

Pérdida de su seguro médico

Durante la estancia en el hospital, los médicos le realizaron una tomografía computarizada, pero no pudieron encontrar la causa de las ITU recurrentes de Elizabeth. Detectaron proteínas en la orina, un indicador precoz de problemas renales. Al principio, pensaron que quizá solo tuviera un riñón, pero la derivaron a un nefrólogo para obtener una segunda opinión. 

El nefrólogo informó a Elizabeth de que padecía una enfermedad del riñón en etapa inicial, pero no pudo determinar la causa antes de que la compañía de seguros la excluyera de su plan. Antes de la Ley de Asistencia Asequible, las compañías de seguros podían denegar la cobertura basándose en enfermedades preexistentes. 

“Me diagnosticaron la enfermedad cuando tenía seguro y luego me dieron de baja”, explicó Elizabeth. “Que me diagnosticaran una enfermedad desconocida sin saber cuál era su causa fue realmente difícil para mí”.

Mientras Elizabeth intentaba orientarse en el sistema de seguros para personas con bajos ingresos, hizo todo lo posible por alimentarse de forma saludable y hacer ejercicio. También acudió a clínicas de bajo coste de la zona, donde recibió varios diagnósticos erróneos, entre ellos que tenía un riñón agrandado que realizaba el trabajo de ambos.

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Diagnosticada con glomeruloesclerosis focal y segmentaria (FSGS)

Cuando se aprobó la Ley de Asistencia Asequible en 2010, Elizabeth consiguió un seguro médico y entró en lista de espera para ser atendida por algunos de los mejores profesionales de la salud de su ciudad.

“Me hicieron una ecografía y una biopsia renal que revelaron que padecía una enfermedad del riñón de tipo glomeruloesclerosis focal y segmentaria (FSGS)”, explicó Elizabeth. “Mis uréteres son muy estrechos y propensos a la refluxión, por lo que sufría tantas infecciones urinarias. Controlaba el dolor con ibuprofeno, lo que posiblemente causaba más daño a mis riñones”.

Con una atención y un tratamiento adecuados, Elizabeth mantuvo su función renal en la etapa tres de la enfermedad del riñón durante diez años. 

“Los médicos me recetaron medicación con la esperanza de reducir la pérdida de proteínas en la orina”, explicó Elizabeth. “Me hacían un seguimiento y tenía citas médicas cada cinco o seis meses”.

Lamentablemente, a principios de 2021, los médicos de Elizabeth le comunicaron que su función renal estaba volviendo a deteriorarse y le sugirieron que valorara sus opciones: 

“Concerté una cita con el centro de trasplantes y me reuní con un equipo de médicos que me incluyeron en la lista de trasplantes en abril de 2021”, explicó Elizabeth. “Me dijeron que si algún familiar, amigo o incluso un desconocido quería donarme un riñón, tenía que facilitarles un enlace”.

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La madre de Elizabeth da un paso al frente

Elizabeth preguntó a su alrededor, pero nadie podía donar, así que calculó que tardaría entre 7 – 10 años en conseguir un riñón: el tiempo de espera medio en California. Aunque a Elizabeth no le importaba el tiempo de espera, a su madre sí.  

“Mi madre decidió preguntar si sería una buena candidata para donarme un riñón”, explicó Elizabeth. “Mi médico le dijo que, dado que yo tenía treinta y tantos años y ella casi sesenta, su riñón no tendría la vida útil necesaria para que la operación saliera bien”.

La madre de Elizabeth podía donar aunque no fuera una candidata ideal. Preguntaron al equipo del centro de trasplantes qué debían hacer y les informaron de un programa de intercambio de riñones por parejas que permite a los donantes “intercambiar” riñones con otros receptores compatibles de la lista de espera.

“Tienen un programa de intercambio en el que ella puede donar a alguien de su edad y, a continuación, yo puedo recibirlo de un familiar o amigo suyo que tenga mi edad en un plazo de tres semanas. Solo tengo que avisar al centro de trasplantes cuando esté lista”, explicó Elizabeth.

La madre de Elizabeth donó su riñón en mayo de 2022 y se encuentra muy bien; no solo le hizo a Elizabeth este regalo que le ha cambiado la vida, sino que además, en el proceso, desmontó varios mitos sobre la donación de riñón.

“Muchos familiares se mostraban escépticos y otros necesitaban un trasplante, así que le hacían muchas preguntas”, explicó Elizabeth. “Ella ha sabido aclarar las cosas diciendo: ‘No tengo ninguna complicación. Me encuentro muy bien, como lo mismo que siempre me ha gustado y sigo haciendo los mismos ejercicios. No hay nada de malo en donar un órgano a alguien’. Consiguió que las personas más escépticas se animaran a donar”. 

Ahora Elizabeth puede disfrutar de su próxima boda y de la luna de miel de sus sueños sin preocuparse por encontrar un riñón cuando llegue el momento.

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Este contenido se proporciona únicamente para el uso informativo y no se pretende como consejo médico o como sustituto del consejo médico de un profesional de la salud.
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