February 02, 2023
El matrimonio de Darwin y Marlena, que dura ya casi tres décadas, no es ajeno a los problemas de salud. Han pasado por falla renal, múltiples trasplantes y una dura batalla contra la COVID-19 que duró medio año. ¿Cómo han superado estas circunstancias tan difíciles? Marlena nos cuenta cómo su amor y su compromiso mutuo marcaron la diferencia.
Un largo historial de enfermedad del riñón
Darwin tiene antecedentes familiares de enfermedad del riñón: su padre y su hermana fallecieron por complicaciones relacionadas con ella, y su hermano se somete actualmente a diálisis.
“Me diagnosticaron enfermedad del riñón en 2002, pero me daba miedo someterme a un trasplante de riñón porque mi hermana falleció de insuficiencia cardíaca congestiva poco después de recibir uno. Mi mujer y mi médico me aconsejaron que me sometiera a un trasplante, así que me inscribí en la lista», explica Darwin. «Mi primer trasplante de riñón fue en 2009 y duró unos tres años antes de que tuviera que volver a la diálisis. Me sometí a mi segundo trasplante en marzo de 2016».
Hacia finales de 2021, la presión arterial de Darwin aumentó y su función renal se deterioró. La pareja se estaba preparando para el rechazo del riñón en el plazo de un año cuando Darwin contrajo la COVID-19.
Más información sobre la enfermedad del riñón y la COVID-19.
Contagio de COVID-19

El 14 de enero de 2022, Marlena se dio cuenta de que Darwin estaba constantemente agotado, dormía sin parar y era incapaz de comer.
“Me sentía muy mal al verlo así, así que empecé a sacudirlo y a decirle que se levantara. Por fin conseguí despertarlo, pero se limitó a sentarse en el borde de la cama y quedarse mirando fijamente a la pared. Tenía la sensación de que algo iba muy mal”, explicó Marlena. “Le dije que íbamos al hospital, pero es muy testarudo y se negó. Llamé al 911”.
Cuando llegaron los paramédicos, se alarmaron de inmediato al ver el bajo nivel de oxígeno de Darwin y lo trasladaron urgentemente al hospital.
“Lo llevaron a un hospital local, no muy lejos de nuestra casa, donde confirmaron que tenía COVID-19, neumonía y que volvía a sufrir insuficiencia renal”, explicó Marlena. “Le iniciaron una diálisis de urgencia y nos explicaron que había que trasladarlo a un hospital más grande y mejor equipado para atenderlo”.
Darwin se mantuvo estable durante dos semanas hasta que, de repente, dejó de reconocer al amor de su vida.
“Le pregunté al médico si se trataba de un efecto secundario de la COVID y me dijo que no. Le hizo unas pruebas y descubrió que Darwin había sufrido una serie de mini-ictus y un infarto”, explicó Marlena. “Lo ingresaron en la UCI. Al cabo de un par de días, me llamaron en mitad de la noche y me dijeron que Darwin había dejado de respirar y que su corazón se había detenido por completo. Tuvieron que reanimarlo y conectarlo a un respirador”.
Consigue la información más actualizada sobre la COVID-19.
Un camino lleno de baches hacia la recuperación

A pesar del miedo y el estrés, Marlena estuvo al lado de Darwin en cada paso del camino.
“Mientras estaba allí, le llevaba música de adoración y le cantaba. Le leía y le conseguía sus cremas favoritas para masajearle las manos. Intentaba infundirle vida”, explicó Marlena. “El médico dijo que el hecho de que yo estuviera allí para él le ayudó mucho”.
Lamentablemente, Marlena pasó la mayor parte de este difícil periodo sin el apoyo físico de amigos y familiares, ya que en las plantas de hospital dedicadas a la COVID-19 solo se le permitía a ella visitarlo.
“Soy terapeuta, así que sabía que tenía que poner en marcha un plan de autocuidado de inmediato. Me aseguré de comer lo más sano posible y de beber mucho líquido. También le pedí ayuda a mi médico para dormir”, explicó Marlena. “No tengas miedo de pedir ayuda y apoyo: no puedes dar de ti misma si estás vacía”.
La vida siguió así durante los tres meses siguientes, hasta que Darwin se recuperó lo suficiente como para que le retiraran el respirador y lo trasladaran a un centro de cuidados de larga duración para comenzar su recuperación.
“Me alojé en un hotel cercano y me sentaba a su lado todos los días. Le vi empeorar. Al principio, podía hablar con una laringe artificial y comía un poco. Al sexto día, recibí una llamada y me dijeron que no respondía”, cuenta Marlena. “Tenía una sepsis. Afortunadamente, le trataron durante una semana y pudo trasladarse a otro centro de cuidados de larga duración”.
¿Tienes alguna pregunta, necesitas apoyo o simplemente quieres hablar con otra persona que padezca una enfermedad del riñón? Podemos ayudarte poniéndote en contacto con otro paciente renal para que habléis sobre la enfermedad del riñón, la diálisis, el trasplante o la donación de riñón en vida.
Selecciona tu persona compatible con la NKF.
De vuelta a casa, juntos

Esta vez, Darwin permaneció ingresado nueve días antes de volver a casa para comenzar la rehabilitación, donde volvió a aprender a hablar, a caminar y a comer. Ha sido difícil, pero Darwin ha mejorado enormemente y va por buen camino para volver a la lista de trasplantes renales.
“Ha sido un reto para nosotros, pero creemos en la familia y en trabajar juntos en la salud y en la enfermedad”, dijo Marlena. “Gracias a nuestra fe y a nuestro compromiso mutuo, hemos tenido un matrimonio maravilloso y feliz. Nos queremos”.

















