November 08, 2022
<div><a href="https://www.kidney.org/newsletter/healthcare-staffing-shortages-and-dia… de casos clínicos de la CNSW: ESCASEZ DE PERSONAL SANITARIO Y PACIENTES EN DIÁLISIS</strong></a></div>
<p><em>Celia Brown, MSW, LICSW, trabajadora social en Northwest Kidney Centers, en Renton (Washington<br />) Karin Ogren, MSW, supervisora de trabajo social en Northwest Kidney Centers, en Seattle</em></p>
<p>Todos nos hemos visto afectados por la escasez de personal en el sistema sanitario, ya que hemos tenido que esperar más tiempo para una limpieza dental o para someternos a una colonoscopia rutinaria. Sin embargo, los pacientes en diálisis se han visto especialmente afectados debido a sus numerosos puntos de contacto con nuestro sistema sanitario.</p>
Celia Brown, MSW, LICSW, trabajadora social en Northwest Kidney Centers, en Renton (Washington
) Karin Ogren, MSW, supervisora de trabajo social en Northwest Kidney Centers, en Seattle
Todos nos hemos visto afectados por la falta de personal en el sistema sanitario, ya que hemos tenido que esperar más tiempo para ir al dentista o para someternos a una colonoscopia rutinaria. Sin embargo, los pacientes en diálisis se han visto especialmente afectados debido a sus numerosos contactos con el sistema sanitario. Cada uno de estos contactos afecta a los pacientes en diálisis de formas específicas, todas ellas con consecuencias reales para su salud. A continuación se presentan algunos ejemplos que nuestros trabajadores sociales han observado desde el inicio de la pandemia
A los pacientes que empiezan con la diálisis se les ha retrasado el alta del hospital donde comenzaron el tratamiento porque no hay ningún centro de diálisis con personal suficiente para atenderlos. El retraso también puede deberse a que la residencia de ancianos o el centro de rehabilitación —donde deben ser trasladados de forma segura— no cuenta con el personal necesario para atenderlos adecuadamente. Permanecer en un hospital es difícil y expone a los pacientes a contraer otras enfermedades. Además, los hospitales no están bien preparados para ayudarles a adaptarse a la diálisis y a retomar las actividades que son importantes para ellos.
Para salir del hospital, es posible que los pacientes no tengan más remedio que aceptar ser derivados a un centro de diálisis ambulatorio lejos de sus hogares. Puede que no haya ningún centro cercano que pueda acogerlos debido a la falta de personal. Algunos pacientes de zonas menos pobladas han tenido que recorrer largas distancias en coche desde otros condados. Un señor podía conducir él mismo, pero el dinero que gastaba en gasolina le dificultaba poder permitirse otras necesidades, como la comida. Llegó a plantearse dejar la diálisis. Su trabajadora social le ayudó a acceder a recursos comunitarios y, finalmente, se trasladó a un centro más cercano a su domicilio. Otras personas que se han trasladado a la zona de Puget Sound se están encontrando con que también tienen que recorrer largas distancias en coche para recibir el tratamiento que necesitan. Quizá les haya resultado más fácil encontrar un lugar donde vivir aquí que una plaza para diálisis.
En ocasiones, pacientes crónicos que habían sido hospitalizados no pudieron recibir diálisis debido a la escasez de personal capacitado para realizarla en el hospital. Una paciente fue ingresada en su hospital local, que normalmente ofrece servicio de diálisis. Sin embargo, debido a la falta de personal, fue trasladada a las 3 de la madrugada a un hospital situado a una hora de distancia donde sí podían realizarle la diálisis. Se trata de una persona mayor que no habla inglés, lo que agrava aún más la situación. A su familia le resultó más difícil visitarla.
Otra forma clave en la que los pacientes se han visto afectados por la falta de personal es en nuestro sistema de transporte. Esto afecta principalmente a los pacientes que utilizan el servicio de transporte de Medicaid, pero también se extiende al transporte de la ADA, que ha sufrido una escasez de conductores. Se solicitan traslados y, aparentemente, se asignan, pero nadie acude a recoger al paciente. Esto puede hacer que se pierdan tratamientos o que se queden abandonados en el centro. No es raro tener que esperar hasta cinco horas para que les recojan y les lleven a casa, ya que resulta especialmente difícil conseguir transporte alternativo en ese momento para quienes necesitan un vehículo adaptado para sillas de ruedas. Los pacientes diabéticos han tenido dificultades para controlar su nivel de azúcar en sangre cuando, inesperadamente, se han saltado comidas debido a las largas esperas para el transporte de vuelta a casa tras la diálisis. A quienes no tienen cómo desplazarse al centro se les cambia la cita, pero se enfrentan a la misma escasez de conductores cada vez que acuden a diálisis.
Los pacientes en espera de un trasplante sufrieron retrasos al inicio de la pandemia porque los trasplantes se suspendieron. Ahora los pacientes están experimentando retrasos en las respuestas de los centros de trasplantes, que cuentan con personal de enfermería y de apoyo limitado para devolver las llamadas. Están esperando más tiempo para programar exámenes y pruebas como parte de su evaluación previa al trasplante. Todo esto supone retrasos en la activación del proceso y un tiempo potencialmente más prolongado en diálisis.
La salud mental de todas las personas que están viviendo la pandemia se ha visto afectada. Los pacientes tienen que hacer frente a esto además de convivir con una enfermedad crónica. En un momento en el que los servicios de salud mental son especialmente necesarios, hay menos disponibles. En una situación que se repite a menudo, recientemente llamé a varios profesionales para un paciente con cobertura de seguro para salud mental, pero no pude encontrar ni uno solo que aceptara nuevos pacientes. Una colega cuenta que, en un momento dado, solo pudo encontrar un centro en nuestra gran área metropolitana que aceptara nuevos pacientes con Medicaid. Todos los demás profesionales tuvieron que cerrar las inscripciones. Muchos pacientes en diálisis se resisten a aceptar asesoramiento en salud mental, por lo que, cuando finalmente lo hacen, resulta especialmente desalentador tener que decirles que no hay nadie a quien derivarlos.
Los pacientes y las familias que los cuidan se ven afectados a diario por la escasez de cuidadores a domicilio. A los pacientes se les puede conceder, a través de Medicaid, un cuidador que les ayude a vivir en casa y a evitar muchas hospitalizaciones, pero se les dice que no hay ninguna agencia que se haga cargo de su atención. Una de mis pacientes depende de una silla de ruedas, ya que no puede caminar. Vive en su casa con su marido, que trabaja a tiempo completo. Encontró a una amiga que podía ser su cuidadora, pero cuando esta sufrió un accidente de tráfico y no pudo trabajar, no había cuidadores de ninguna agencia que pudieran hacerse cargo de ella temporalmente. Mi paciente quedó dependiente de su marido, que ya estaba sometida a un estrés excesivo, trabaja para mantener un techo sobre sus cabezas y ya le proporciona una atención considerable. Esto añade aún más tensión a su relación.
Aunque no se trata de una lista exhaustiva, esto ilustra muchas de las formas en que los pacientes en diálisis se han visto afectados por la falta de personal en nuestro sistema sanitario en general.








