October 17, 2022
Tras graduarse en el instituto en 2015, Mario Silva se alistó en el Cuerpo de Marines y comenzó su carrera en una base de Carolina del Sur, donde trabajaba como administrativo y se encargaba de los funerales militares. Encontró su ritmo y le encantaba su trabajo, pero apenas un año después, el oficial al mando de Mario lo envió a la enfermería para someterse a un reconocimiento médico anual de rutina que cambiaría su vida para siempre.
El diagnóstico de enfermedad del riñón de Mario
Los médicos descubrieron que la presión arterial de Mario era alarmantemente alta, pero decidieron volver a tomársela al día siguiente para descartar que la ansiedad fuera la causa. A la mañana siguiente, seguía igual de alta, por lo que lo enviaron al hospital para realizarle más pruebas.
“No me di cuenta de lo grave que era porque no sabía nada sobre la presión arterial, pero por sus miradas me di cuenta de que había un problema”, explicó Mario. “Me preguntaron: ‘¿Te encuentras bien?’, ‘¿Te duele la cabeza?’ y ‘¿Estás preocupado?’. Me sentía normal y solo estaba preocupado porque todos los demás lo estaban”.
En el hospital, los profesionales de la salud detectaron proteínas en la orina y solicitaron una biopsia renal para determinar si los riñones de Mario estaban dañados.
“Me dijeron que la muestra que habían extraído de la biopsia renal no era más que tejido cicatricial y que mis riñones estaban fallando. Mis riñones funcionaban solo al 25%”, explicó Mario. “Lo diagnosticaron como glomerulonefritis crónica o síndrome nefrótico. En ese momento no necesitaba diálisis, pero pronto llegaría a ese punto. Entonces empezaron a hablar de incluirme en la lista de espera para un trasplante de riñón”.
Mario quería estar cerca de su familia y amigos durante esta difícil transición, así que habló con sus superiores para solicitar la baja médica por motivos de salud y regresó a casa el día antes de Acción de Gracias.
El inicio de la diálisis y la fase de negación
Hasta el día de Acción de Gracias, Mario solo había experimentado una ligera hinchazón, pero ese día fue como si se hubiera accionado un interruptor. No podía comer, no retenía los líquidos y sufría dolorosos calambres abdominales.
“Tras cuatro días enfermo, por fin acudí a urgencias”, explicó Mario. “Tuve suerte porque mis riñones funcionaban por debajo del 2% y mi cuerpo estaba dejando de funcionar. Si hubiera esperado más, probablemente habría muerto”.
Mario comenzó con diálisis de urgencia antes de pasar a la hemodiálisis en centro tres días a la semana, cuatro horas al día.
“Fue como pasar de la noche al día tras la primera sesión de diálisis. No me lo podía creer”, dijo Mario. “Es un tratamiento que salva vidas. Mirando atrás, no podría estar más agradecido por la diálisis”.
Con el paso del tiempo, Mario se fue acostumbrando a su rutina de diálisis: se levantaba a las 4 de la mañana, iba a diálisis hasta las 9 y continuaba con su día a día sin hacer caso de su enfermedad.
“Probablemente me habrían hecho un trasplante mucho antes, pero caí en una depresión y en una fase de negación que duró unos dos años”, explicó Mario. “No hablaba con nadie de mis problemas renales. No llevaba una vida muy saludable. No quería aceptar que algo iba mal. En aquel momento, dejé de contestar a las llamadas de la Administración de Veteranos (VA) y dejé de acudir a las citas”.
Le llevó tiempo, reflexión y el apoyo inquebrantable de su familia y de su ahora prometida, Natalie Olivares, pero Mario encontró la fuerza para reconocer su enfermedad del riñón y volver a trabajar para conseguir un trasplante de riñón.
“El objetivo final era conseguir un trasplante. Me di cuenta de que, si seguía así, nunca lo conseguiría. ¿Qué estaba haciendo? No me estaba ayudando a mí mismo”, dijo Mario. “Empecé a llamar de nuevo y el centro de trasplantes me recibió con los brazos abiertos”.
¿Quieres saber más sobre el proceso de trasplante? Inscríbete en nuestra guía en línea para principiantes sobre el trasplante de riñón, que puedes seguir a tu propio ritmo. Empieza hoy mismo para adquirir las herramientas, los recursos y la confianza necesarios para iniciar tu camino hacia el trasplante.
Recibir un trasplante de riñón y abrirse a la vida
Tardó un año de pruebas en reactivarse la inscripción de Mario en la lista de trasplantes, pero, a partir de ahí, todo fue muy rápido. El 5 de mayo de 2022, a primera hora de la mañana, Mario recibió una llamada en la que le comunicaban que podría haber un riñón disponible para él, pero al final no resultó ser compatible.
“Cuando recibí la primera llamada eran las 4:30 de la madrugada del día en que me iba a mudar con Natalie. Luego me pasé todo el día con la mudanza, yendo y viniendo en coche”, contó Mario. “Sobre las 8:00 de la noche, estaba allí sentado en el suelo de mi salón, cansado, y recibí otra llamada del equipo de transporte de Houston. Me dijeron: ‘Ahora tenemos un riñón y es algo serio’. Le dije a mi madre que preparara sus cosas porque esta vez era de verdad”.
Mario y su madre se dirigieron al aeropuerto y se subieron a un jet privado que los llevó al centro de trasplantes. En cuestión de horas, Mario ya tenía un riñón nuevo y en buen estado.
“Sé que puedo ser terco, pero en esto no iba a ser terco. No voy a desperdiciar esta oportunidad. Haré todo lo que me digan mis equipos de atención renal. “Solo estuve en el hospital una semana más o menos, y luego volví al hotel”, explicó Mario. “Al cabo de un mes, todo parecía ir a la perfección, y volví a casa. Desde entonces he vuelto para hacerme revisiones y todo va realmente bien. Mi calidad de vida ha mejorado muchísimo: duermo mejor, tengo más apetito y me siento con energía”.
En cuanto Mario empezó a sentirse mejor, compartió su historia públicamente por primera vez con la esperanza de ayudar a cualquier otra persona que estuviera pasando por una situación similar.
“Escribí mi historia en Facebook y pedí a cualquiera que tuviera alguna duda o sintiera miedo respecto a la enfermedad del riñón que se pusiera en contacto conmigo. Espero poder ser la persona que yo necesitaba en aquel entonces”, dijo Mario. “Eso es lo más importante que he podido sacar de este viaje: ayudar a los demás. Fue duro para mí, pero aprendí muchas lecciones por el camino”.
Si te sientes solo, confundido o quieres hablar con alguien que entienda por lo que estás pasando, únete a NKF Peers. Podemos seleccionar tu persona compatible, un mentor que vive bien con la enfermedad del riñón y que puede ofrecerte perspectiva, esperanza y un sentido de comunidad.

















