October 05, 2023
En 1977, Anthony Lovato estaba deseando empezar a jugar al fútbol americano en el instituto. Lo único que necesitaba para entrar en el equipo era un sencillo reconocimiento médico rutinario, pero no obtuvo el visto bueno que esperaba. En cambio, a Anthony le diagnosticaron glomerulonefritis, un tipo de enfermedad del riñón que daña la parte del riñón que filtra la sangre. Pocos años después de ese diagnóstico que le cambió la vida, se casó con su novia del instituto, Eileen Patterson, y formaron una familia.
No podían imaginar que uno de sus cuatro hijos, Aaron, crecería y le donaría un riñón a Anthony, lo que le permitiría pasar ocho maravillosos años sin necesidad de diálisis.
Crecer en el entorno de la enfermedad del riñón
Cuando Aaron nació, su padre ya luchaba contra la falla renal. A medida que Aaron crecía, le impactaba profundamente ver a su padre acudir a las sesiones de diálisis, trabajar a pesar del agotamiento y someterse a diversas operaciones. Ya de niño, quería ayudar a curar a su padre.
“Cuando era pequeño, solía decirle a mi familia y a mis amigos que algún día le donaría un riñón”, cuenta Aaron. “Lo único que sabía era que a mi padre le pinchaban en el antebrazo tres veces por semana, que sufría y que yo no quería que le doliera”.
Años más tarde, en 2006, Aaron se dio cuenta de que su padre llevaba 17 años en diálisis y que probablemente nunca recibiría un trasplante de riñón, así que decidió cumplir la promesa que había hecho de niño.
“Estaba en la universidad forjándome mi propia identidad e intentando conseguir un trabajo a tiempo completo cuando llegué a la conclusión de que quería ayudar a mi padre. Sabía que, si no lo hacía, él no estaría con nosotros mucho más tiempo”, explicó Aaron. “Estaba tumbado en la cama, medio dormido, cuando oí a alguien decirme que tenía que ayudar. Me pareció una llamada superior. Al día siguiente inicié el proceso de evaluación como donante de riñón y me consideraron un candidato excelente”.
El 14 de febrero de 2006, Aaron comunicó su decisión a sus padres.

“Vinieron a recogerme para ir a cenar y yo estaba deseando decírselo. Desde el asiento trasero, les dije: ‘Adivinad qué: voy a donarle un riñón a papá. Soy compatible’. Se quedaron en silencio el resto del trayecto. Creo que mi madre estaba conteniendo las lágrimas, al darse cuenta de que papá iba a dejar la diálisis y recuperar algo de normalidad. Creo que para mi padre fue algo irreal. Él nunca nos habría pedido que hiciéramos esto por él y me preguntó varias veces si estaba seguro», dijo Aaron. «Estaba seguro porque sabía que cambiaría su vida para mejor».
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Donar un riñón
Cinco meses después, Aaron y Anthony se sometieron a la operación de trasplante.
“Durante la operación, los médicos se alegraron al ver que tenía un uréter extralargo, el conducto que lleva la orina a la vejiga. Mi padre necesitaba esa longitud adicional”, explicó Aaron. “Nos dijeron que era el mejor de los casos y bromearon diciendo que yo había nacido para esto”.
Aunque Aaron está de acuerdo en que nació para donar un riñón, la recuperación de la operación resultó más difícil de lo previsto.
“Al principio, no podía moverme. Me dolía la espalda y me dolía todo el cuerpo. Me sentía mal, pero entonces vi a mi padre. Estaba de pie y se movía con mucha rapidez. Al segundo día entró por la puerta de mi habitación y me quedé impresionado por el cambio instantáneo que vi en él. Era como el día y la noche: había recuperado el color de la piel y tenía un aspecto radiante. Parecía sorprendido de sentirse tan bien y estaba muy agradecido», dijo Aaron. «Verlo así fue un momento decisivo para mí. Supe que todo iba a salir bien».
Con la ayuda de la madre de Aaron, Eileen, ambos se recuperaron por completo.

“El día después de nuestra operación de trasplante, ella esperaba a que uno de nosotros se quedara dormido en la cama del hospital y, entonces, corría a la habitación de al lado, al final del pasillo, para ver cómo estaba el otro. Lo hizo hasta que los dos salimos del hospital”, explicó Aaron. “Ni mi padre ni yo hubiéramos podido pasar por este proceso sin mi madre. Incluso después de la operación, nos cuidó a los dos, ayudándonos a recuperarnos”.
Desde entonces, la salud de Aaron ha sido excelente y no ha notado mucha diferencia, salvo una ligera molestia en la cintura que desapareció al cabo de unos meses.
“A quienes estén pensando en donar un riñón, les recomiendo que reflexionen sobre por qué quieren convertirse en donantes vivos. Asegúrense de que su decisión se basa en un altruismo genuino y en el deseo de ayudar a alguien que lo necesita. Den prioridad a su propio bienestar físico y mental durante todo el proceso de donación. Sigan todas las instrucciones pre y posoperatorias, acudan a revisiones médicas periódicas y busquen apoyo si experimentan alguna dificultad emocional o física”, dijo Aaron. “Recuerda valorar la enorme diferencia que estás marcando en la vida de otra persona gracias a tu donación”.
Anthony disfrutó de su nuevo riñón y de un estilo de vida más activo durante ocho años, hasta que este dejó de funcionar y tuvo que volver a la diálisis.
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La decisión de dejar la diálisis

Tras volver a la diálisis, a Anthony le diagnosticaron insuficiencia cardíaca congestiva, pero nunca dejó que esta nueva afección empañara su alegría.
“Mi padre afrontaba estos retos con risas; en casa siempre había risas”, dijo Aaron. “Dedicaba su tiempo a compartir música nueva con nosotros y a disfrutar de la compañía de mi madre”.
Entonces, en el verano de 2021, la salud de Anthony se deterioró considerablemente.
“Entraba y salía del hospital. Desarrolló el síndrome de robo, una complicación poco común de la hemodiálisis que afecta al flujo sanguíneo. Seis de sus diez dedos fueron amputados parcial o totalmente. Tenía las manos envueltas en vendajes y le dolían al tocarlas”, explicó Aaron. “Dependía de mi madre para que le ayudara, le vistiera y le asistiera en las tareas domésticas”.
A finales de octubre, Anthony ingresó en el hospital. Tras varios días de pruebas, se descubrió que su corazón solo funcionaba al 10%.
“Las enfermeras se quedaron atónitas al ver cómo era capaz de sentarse y hablar con la gente. Tenía la opción de operarse, pero era arriesgado”, explicó Aaron. “Incluso si la operación hubiera tenido éxito, solo habría ganado alrededor de un 5% más de función cardíaca, lo que no habría sido suficiente para que pudiera seguir con la diálisis”.
Ante esta noticia y tras haber pasado casi veinticuatro años en diálisis, Anthony decidió interrumpir el tratamiento. Más información sobre cómo interrumpir la diálisis.
“Llegó a casa bajo cuidados paliativos el 1 de noviembre. Mi madre, mis hermanos y yo permanecimos a su lado durante sus últimos días, asegurándonos de que estuviera cómodo y administrándole analgésicos”, explicó Aaron. “El 5 de noviembre, a las 3:00 de la madrugada, falleció plácidamente”.

Esta fecha tenía un profundo significado para Eileen, ya que marcaba el aniversario de su primera cita con Anthony.
“Mi madre fue una presencia constante a lo largo de todo su recorrido. Le apoyó durante las operaciones, pasó noches en el hospital y le brindó una orientación inquebrantable durante sus amputaciones”, explicó Aaron. “Cuidó de su recuperación, llevándole siempre de vuelta a casa con nuestra familia, y superó con firmeza, a su lado, numerosos acontecimientos que cambiaron su vida. Nuestra familia la considera una auténtica heroína”.
Aaron mantiene ahora vivo el recuerdo de su padre compartiendo su historia y colaborando como voluntario con la National Kidney Foundation.

“Crecí viendo cómo mis padres se querían y se cuidaban el uno al otro. Con modelos a seguir como mis padres, donar un riñón y hacer voluntariado han sido decisiones fáciles. Son una gran fuente de inspiración para mi deseo de ayudar a las personas necesitadas”, afirmó Aaron. “Recientemente, formé parte del comité de logística y planificación del evento Great Chefs of the West en Denver. Hubo una gran afluencia de público y recaudamos mucho dinero para la National Kidney Foundation. Fue una forma estupenda de honrar a mi padre. Todas las personas que se ofrecieron como voluntarias tenían algún vínculo con alguien que padecía una enfermedad del riñón y deseaban de verdad ayudar a organizar un gran evento en memoria de alguien. Fue como formar parte de una pequeña familia de desconocidos. Seguiré dedicando mi tiempo al voluntariado y concientizando sobre la donación de riñón en vida».
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