Las preocupaciones sobre la posibilidad de que los antitranspirantes provoquen enfermedades del riñón se basan en información obsoleta. La absorción cutánea de aluminio procedente de los antitranspirantes es mínima y no resulta perjudicial.
¿Pueden los antitranspirantes provocar enfermedades del riñón?
Las preocupaciones sobre los antitranspirantes y la enfermedad del riñón surgieron por primera vez hace muchos años, cuando a los pacientes en diálisis se les administraba un fármaco llamado hidróxido de aluminio para ayudar a controlar los niveles elevados de fósforo en la sangre. Dado que sus riñones no funcionaban correctamente, sus organismos no podían eliminar el aluminio con la suficiente rapidez, por lo que este comenzó a acumularse. Los científicos observaron que los pacientes en diálisis que presentaban estos niveles elevados de aluminio tenían más probabilidades de desarrollar demencia. La acumulación de aluminio en el organismo y en la sangre también provocaba un tipo de enfermedad ósea conocida como enfermedad ósea adinámica.
Como consecuencia, la FDA exige que las etiquetas de los antitranspirantes incluyan una advertencia que diga: “Consulte a un médico antes de usarlos si padece una enfermedad del riñón”. Sin embargo, esta advertencia solo está dirigida a personas cuyos riñones funcionan al 30% o menos (lo que también se conoce como ECR en etapa 4 o 5).
En realidad, es casi imposible absorber suficiente aluminio a través de la piel como para dañar los riñones. “A menos que te comas el desodorante en barra o te lo pulverices en la boca, tu cuerpo no puede absorber tanta cantidad de aluminio”, afirma la nefróloga Leslie Spry, doctora en Medicina y miembro de la FACP, portavoz de la National Kidney Foundation.

















