Última actualización: Noviembre 10, 2025
Revisado médicamente por: Equipo de Educación para Pacientes de la NKF
La función renal se deteriora de forma natural con la edad, sobre todo a partir de los sesenta años. Descubre cómo el envejecimiento afecta a la salud renal, cuáles son los riesgos y los síntomas, y qué medidas puedes tomar para mantenerte sano.
A medida que las personas envejecen, sus riñones sufren cambios naturales. Los riñones pueden reducirse de tamaño y perder algunas de sus unidades de filtración (denominadas nefronas). Esto puede hacer que sean menos eficaces a la hora de eliminar los residuos y el exceso de líquido de la sangre.
Estos cambios se producen lentamente y forman parte del proceso normal de envejecimiento. No todo el mundo desarrollará una enfermedad del riñón, pero el riesgo aumenta con la edad. Las personas mayores de sesenta años tienen más probabilidades de sufrir una disminución de la función renal, especialmente si padecen otras afecciones que afectan a los riñones, como:
- Presión arterial alta (hipertensión): la principal causa de enfermedad del riñón en las personas mayores.
- Diabetes: unos niveles elevados de azúcar en sangre a lo largo del tiempo pueden dañar el sistema de filtración de los riñones.
- Enfermedad cardíaca: una función cardíaca deficiente puede reducir el flujo sanguíneo hacia los riñones.
Otros factores relacionados con la edad también pueden afectar a la salud renal:
- Cambios en los vasos sanguíneos: los vasos sanguíneos se endurecen con la edad, lo que puede reducir el flujo sanguíneo hacia los riñones.
- Sensibilidad a los medicamentos: los riñones de las personas mayores pueden metabolizar los medicamentos más lentamente, lo que los hace más vulnerables al daño causado por ciertos fármacos.
- Recuperación más lenta: los riñones de las personas mayores pueden tardar más en recuperarse tras una enfermedad, deshidratación o lesión.
Dado que estos cambios pueden producirse sin síntomas, muchas personas no saben que padecen una enfermedad del riñón hasta que esta se encuentra en una fase avanzada. Por este motivo, se recomiendan revisiones renales periódicas con sencillos análisis de sangre y orina para los adultos mayores de sesenta años, especialmente aquellos que presentan otros factores de riesgo.
Por qué es importante
Comprender cómo afecta el envejecimiento a los riñones es importante tanto para los pacientes como para los médicos. La enfermedad del riñón suele desarrollarse lentamente y sin síntomas claros en las primeras etapas. Es posible que muchas personas mayores no se den cuenta de que sus riñones están en riesgo hasta que la enfermedad se encuentra en una etapa más avanzada.
Cuando los problemas renales se detectan a tiempo, se pueden tomar medidas para frenar o incluso prevenir un mayor daño. Estas medidas pueden incluir controlar la presión arterial, regular el nivel de azúcar en sangre, ajustar la medicación y adoptar hábitos de vida saludables. El tratamiento precoz puede:
- Prevenir complicaciones como la acumulación de líquido, la anemia, la fragilidad ósea y los problemas cardíacos.
- Reducir las estancias hospitalarias provocadas por una lesión renal repentina debida a una enfermedad, la deshidratación o determinados medicamentos.
- Ayudar a evitar o retrasar la diálisis o el trasplante, manteniendo estable la función renal durante el mayor tiempo posible.
- Mejorar la calidad de vida en general, ayudando a las personas mayores a mantenerse activas, independientes y más sanas durante más tiempo.
Las revisiones renales periódicas, especialmente en el caso de las personas mayores de sesenta años que padecen presión arterial alta, diabetes o enfermedades cardíacas, facilitan la detección de problemas antes de que se agraven.
Cómo afecta el envejecimiento a los riñones
Los riñones están formados por pequeñas unidades de filtración llamadas nefronas. Cada riñón contiene aproximadamente un millón de nefronas al nacer, pero su número y su función disminuyen de forma natural con la edad. A medida que esto ocurre, es posible que los riñones no filtren la sangre con la misma eficacia.
Otros cambios comunes relacionados con la edad incluyen:
- Endurecimiento de los vasos sanguíneos: los vasos sanguíneos de los riñones y de todo el cuerpo pueden endurecerse con la edad. Esto reduce el flujo sanguíneo, lo que puede limitar la capacidad de los riñones para eliminar residuos y equilibrar los líquidos, los minerales y los electrolitos.
- Disminución de la capacidad de concentración: los riñones de las personas mayores pueden tener dificultades para conservar el agua, lo que aumenta el riesgo de deshidratación.
- Respuesta más lenta al estrés: ante una enfermedad, una intervención quirúrgica o cambios repentinos en el equilibrio de líquidos, los riñones pueden tardar más en recuperarse.
- Mayor sensibilidad a los medicamentos: muchos fármacos, como ciertos antibióticos, medicamentos para la presión arterial y analgésicos, se filtran a través de los riñones. Es posible que los riñones envejecidos no eliminen estos medicamentos con la misma rapidez, lo que aumenta el riesgo de efectos secundarios o de daño renal.
- Reducción de la producción hormonal: los riñones ayudan a producir hormonas que regulan la presión arterial, la producción de glóbulos rojos y la salud ósea. Con el envejecimiento, estas funciones también pueden disminuir, lo que puede provocar anemia, enfermedades óseas o cambios en la presión arterial.
Aunque estos cambios forman parte del proceso normal de envejecimiento, pueden hacer que las personas mayores sean más vulnerables a la enfermedad del riñón, especialmente si padecen otras afecciones de salud.
Enfermedades relacionadas con el envejecimiento y los riñones
A medida que las personas envejecen, tienen más probabilidades de desarrollar afecciones que afectan a la función renal. Algunas de las más comunes son:
- ERC (Enfermedad Renal Crónica): la ERC se vuelve más frecuente a partir de los sesenta años. Se desarrolla lentamente con el paso del tiempo y, a menudo, no presenta síntomas hasta que se encuentra en una fase avanzada. Las pruebas periódicas son la única forma de saber si los riñones están afectados.
- Lesión renal aguda (LRA): la LRA es una pérdida repentina de la función renal que puede producirse con mayor facilidad en las personas mayores. Entre los factores desencadenantes se encuentran la deshidratación, las infecciones graves, determinados medicamentos o una intervención quirúrgica. Aunque la LRA a veces puede revertirse, aumenta el riesgo de desarrollar posteriormente una ERC.
- Presión arterial alta (hipertensión): A medida que las personas envejecen, la presión arterial suele aumentar. Con el tiempo, la hipertensión puede dañar los pequeños vasos sanguíneos de los riñones. Esto dificulta que los riñones filtren los desechos y el exceso de líquido del organismo.
- Diabetes (la diabetes tipo 2 es la más frecuente en las personas mayores): Muchas personas mayores desarrollan diabetes tipo 2. Un nivel elevado de azúcar en sangre durante muchos años puede dañar los diminutos filtros de los riñones. Esta es una de las principales causas de la enfermedad del riñón y de la falla renal.
- Enfermedad cardíaca: El corazón y los riñones están estrechamente relacionados. Si el corazón está débil, es posible que no bombee suficiente sangre a los riñones, lo que agrava los problemas renales.
Padecer más de una de estas afecciones al mismo tiempo, como presión arterial alta, diabetes y enfermedades cardíacas, aumenta aún más el riesgo de sufrir daño renal.
Mantenerse sano
Aunque el envejecimiento es inevitable, hay muchas formas de proteger los riñones y la salud en general a medida que se va haciendo mayor. Los hábitos saludables y las revisiones periódicas pueden marcar una gran diferencia a la hora de frenar el daño renal y prevenir complicaciones.
Entre las medidas para proteger los riñones se incluyen:
- Controlar la presión arterial alta: Intenta mantenerla dentro de los límites que te recomiende tu médico. La presión arterial alta es una de las principales causas de enfermedad del riñón.
- Controlar el azúcar en sangre: si tienes diabetes, mantén el azúcar en sangre dentro de los valores recomendados para proteger los riñones.
- Sigue una dieta equilibrada: opta por más frutas, verduras, cereales integrales, proteínas magras y grasas saludables. Limita el consumo de sal (sodio), azúcares añadidos y alimentos procesados. Un dietista especializado en riñón puede ofrecerte orientación personalizada si es necesario.
- Manténgase activo: intente realizar al menos 30 minutos de actividad la mayoría de los días, como caminar, nadar o hacer entrenamiento de fuerza ligero. El ejercicio favorece la salud del corazón y de los riñones.
- Evita fumar: Fumar daña los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de padecer enfermedades del riñón y cardíacas. Dejar de fumar es beneficioso a cualquier edad.
- Limita el consumo de alcohol: el exceso de alcohol puede elevar la presión arterial y dañar los riñones. La moderación es fundamental.
- Manténgase hidratado: Beber suficiente agua ayuda a los riñones a filtrar los residuos, pero consulte con su médico si tiene restricciones de líquidos.
- Acude a revisiones periódicas: los análisis de sangre (creatinina, eGFR) y de orina (albúmina) permiten controlar el funcionamiento de los riñones. Pregunta a tu médico con qué frecuencia debes realizar estas pruebas.
Seguir estos consejos puede ayudarte a mantenerte activo, independiente y con mejor salud durante más tiempo, incluso si padeces una enfermedad del riñón en fase inicial.
Cómo cuidar tus riñones a medida que envejeces
A medida que los riñones envejecen, se vuelven más vulnerables a las lesiones y tienen menos capacidad para recuperarse tras una enfermedad o una situación de estrés. Las personas mayores deben prestar especial atención a los riesgos que pueden dañar los riñones.
- Medicamentos: Muchos fármacos se metabolizan a través de los riñones. Es posible que los riñones de las personas mayores no los eliminen tan bien, lo que puede provocar una acumulación perjudicial. Entre los medicamentos a tener en cuenta se incluyen:
- Analgésicos, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), por ejemplo, el ibuprofeno y el naproxeno
- Ciertos antibióticos
- Sustancias de contraste utilizadas en pruebas de diagnóstico por imagen
- Algunos medicamentos para la tensión arterial, si no se controlan cuidadosamente
- Deshidratación: Con la edad, la sensación de sed suele disminuir y los riñones pierden parte de su capacidad para conservar el agua. Incluso una deshidratación leve puede provocar daño renal.
- Infecciones: las infecciones del tracto urinario (ITU) y otras infecciones pueden suponer una mayor carga para los riñones en las personas mayores.
- Hospitalizaciones y cirugías: los cambios en la presión arterial, la medicación y los líquidos durante la hospitalización pueden aumentar el riesgo de lesión renal aguda.
- Caídas y lesiones: el estrés físico o los traumatismos también pueden afectar a la función renal, especialmente si se combinan con pérdida de sangre o deshidratación.
Consejos de seguridad:
- Consulte siempre a su médico antes de empezar a tomar nuevos medicamentos o suplementos.
- Informe a todos los profesionales de la salud que le atiendan de si padece una enfermedad del riñón o tiene la función renal reducida.
- Pregunte si las pruebas o los tratamientos podrían afectar a sus riñones y si existen alternativas más seguras.
- Esté atento a la hinchazón, la fatiga, los cambios en la micción o la confusión, ya que pueden ser signos de problemas renales.
Consideraciones adicionales
Los cambios renales relacionados con el envejecimiento suelen producirse de forma asintomática. Muchas personas no notan ningún síntoma hasta que la enfermedad del riñón se encuentra en una etapa avanzada. Por eso es tan importante concientizar y realizar pruebas de rutina para las personas mayores.
- Progresión asintomática: la enfermedad del riñón puede avanzar sin dolor ni signos de alerta evidentes. La fatiga, la hinchazón o los cambios en la micción suelen aparecer solo cuando la enfermedad está más avanzada.
- La evaluación es fundamental: unas pruebas sencillas, como un análisis de sangre para determinar la taza de filtración glomerular (eGFR, por sus siglas en inglés) y un análisis de orina para detectar proteínas (albuminuria), pueden detectar el daño renal en una fase temprana. La National Kidney Foundation recomienda que todos los adultos mayores de sesenta años se sometan a estas pruebas.
- Múltiples afecciones de salud: Muchas personas mayores padecen más de una enfermedad crónica (por ejemplo, diabetes, presión arterial alta y cardiopatías). En conjunto, estas afecciones suponen una carga adicional para los riñones. Es importante que exista una atención coordinada entre los médicos para equilibrar los tratamientos y prevenir daños.
- Gestión de la medicación: Dado que las personas mayores suelen tomar varios medicamentos recetados, es necesario un seguimiento minucioso para reducir el riesgo de interacciones farmacológicas o de efectos secundarios relacionados con los riñones.
- Apoyo nutricional: Un plan de alimentación saludable adaptado a la función renal puede ayudar a las personas mayores a sentirse mejor y a mantenerse más sanas. Puede resultar útil la derivación a un dietista especializado en nefrología.
- Planificación anticipada de la atención: Para las personas con enfermedad del riñón avanzada, puede resultar útil hablar con antelación sobre las opciones de tratamiento, como la diálisis, el trasplante o el tratamiento conservador. Mantener estas conversaciones con antelación ayuda a garantizar que la atención se ajuste a los objetivos personales y a la calidad de vida.
Preguntas para tu equipo sanitario
Llevar preguntas a tus citas puede ayudarte a comprender mejor tu salud renal y a participar de forma activa en tu tratamiento. Aquí tienes algunas que quizá te interese plantear:
- Evaluación y seguimiento
- ¿Con qué frecuencia debo someterme a revisiones renales?
- ¿Qué análisis (de sangre u orina) permiten evaluar el funcionamiento de mis riñones?
- ¿Qué significan los resultados de mis análisis para mi salud general?
- Medicamentos
- ¿Alguno de los medicamentos que tomo actualmente afecta a mis riñones?
- ¿Necesito ajustar la dosis debido a mi edad o a mi función renal?
- ¿Existen alternativas más seguras a los medicamentos que estoy tomando?
- Estilo de vida y salud diaria
- ¿Qué cambios puedo introducir en mi dieta, mi actividad física o mis hábitos diarios para proteger mis riñones?
- ¿Cuánto líquido debo beber cada día?
- ¿Hay algún medicamento de venta libre o suplemento que deba evitar?
- Si se diagnostica una enfermedad del riñón
- ¿En qué etapa se encuentra mi enfermedad del riñón y qué significa eso para mí?
- ¿Qué medidas puedo tomar para evitar que empeore?
- ¿Qué opciones de tratamiento debo conocer ahora y de cara al futuro?
- Planificar con antelación
- Si el estado de mis riñones empeora, ¿qué decisiones tendré que tomar sobre la diálisis, el trasplante u otros cuidados?
- ¿Cómo puedo prepararme ahora para esas decisiones?

















