December 22, 2014
<p>¿Cómo se le da las gracias a alguien a quien nunca has conocido y a quien nunca conocerás? Alexandra Harrison, persona que recibe el riñón, está viva y goza de buena salud gracias a un héroe donante de órganos al que nunca podrá dar las gracias en persona. Descubre cómo muestra su gratitud cada día.</p>
Por Alexandra Harrison, receptora del riñón
¿Cómo se le da las gracias a alguien a quien nunca has conocido y a quien nunca conocerás? Dar las gracias a alguien con quien no tenías absolutamente ninguna conexión y, sin embargo, alguien a quien ahora le debes la vida. Debo dar las gracias a alguien que decidió, de forma tan desinteresada, donar partes de sí mismo tras su fallecimiento, para que una persona como yo pudiera seguir dedicándome a mis pasiones y persiguiendo mis sueños. ¿Qué se le dice a su familia y a sus amigos? Han perdido a un ser querido. Ya sea un padre, un hijo, una tía, un tío o el mejor amigo; han perdido a alguien a quien querían. Y aquí estoy yo, viva y bien, todo porque alguien decidió ser donante de órganos. Las palabras “gracias” parecen tan pequeñas y tan insignificantes.
Tenía 27 años cuando mi vida cambió. El 16 de mayo de 2013, a las 10:24 de la mañana, recibí la llamada que llevaba esperando casi nueve años: el hospital me había encontrado un riñón.
No se trataba de un riñón cualquiera. ¡Era un riñón PERFECTAMENTE COMPATIBLE! Ya había recibido llamadas anteriormente de centros de trasplantes diciéndome que tenían un riñón para mí, pero nunca había salido bien. Intenté con todas mis fuerzas no hacerme ilusiones esta vez, pero me resultó difícil.
El 18 de mayo de 2013, ya estaba preparada y lista para entrar en quirófano, pero aún a la espera de la prueba de compatibilidad cruzada definitiva entre el donante de órganos y yo. Entonces sonó el teléfono. Oí al médico decir: “¡Adelante!”. La mayor parte de lo que ocurrió a continuación es una nebulosa, pero recuerdo haber abrazado a mi madre y que el reloj marcaba las 8:11 de la mañana. ¡Lo único que sé con certeza es que me hicieron un trasplante de riñón! Más tarde supe que el donante de órganos era un señor de un pequeño pueblo a las afueras de Omaha, en Nebraska. No sé quién era ni qué tipo de persona era, pero para mí es un héroe de la vida real. Es mi héroe de Nebraska.
Gracias a mi héroe de Nebraska, puedo vivir mi vida como me plazca. No tengo que organizar mis actividades en función de mis sesiones de diálisis ni perderme oportunidades. Soy joven, así que antes del trasplante aún me las arreglé para cursar algunas asignaturas en la universidad y trabajar, pero no fue ni fácil ni agradable. Ahora puedo ser estudiante a tiempo completo con el objetivo a largo plazo de trabajar en el ámbito médico, ayudando a niños que también padecen una enfermedad del riñón. Puedo implicarme más de lo que jamás hubiera imaginado con la National Kidney Foundation, viajando a la capital de nuestro país y defendiendo los intereses de todos los pacientes renales —algo que nunca habría podido hacer antes de mi trasplante—.
El hecho de poder viajar en avión con una planificación mínima sigue pareciéndome alucinante. Mi trasplante de riñón me ha permitido disfrutar de cosas sencillas que quizá otros ni siquiera se hayan dado cuenta de que son algo importante, como volver a casa para pasar la Navidad con mi familia y, por primera vez en nueve temporadas navideñas, ¡poder realmente comer, beber y divertirme! Incluso las cosas más pequeñas que la mayoría de la gente da por sentadas, como beber un vaso de agua, comer chocolate y levantarme de la cama sin tener que convencerme primero a mí misma. El simple hecho de ir al baño es un milagro. Sé que parece una locura, pero todavía se me saltan las lágrimas cuando tengo que ir al baño. Todas estas actividades son posibles gracias a mi “Héroe de Nebraska”.
¿Cómo se da las gracias? No se hace. No basta con decir “gracias”. En cambio, hay que demostrar tu gratitud. Me esfuerzo cada día por vivir mi vida al máximo y cuidar de Nemo lo mejor posible. Llamé a mi riñón Nemo, como la película “Buscando a Nemo”, porque es mi “aleta de la suerte”. Al cuidar de Nemo, mantengo viva una parte de mi “héroe de Nebraska”.
Le rindo homenaje cada vez que me tomo la medicación, voy al médico y hago todo lo que debo para mantener mi riñón sano. Doy las gracias a sus seres queridos compartiendo mi historia y asegurándome de mencionar que no habría tenido un final feliz si no fuera por mi ‘héroe de Nebraska’ y su acto desinteresado de ser donante de órganos.
No hay un solo día en el que no piense en él y en su familia. Es terrible y desgarrador perder a un ser querido, pero junto a esa terrible pérdida puede llegar un regalo maravilloso. No solo se salva una vida, sino que una parte de la vida perdida sigue viviendo.
Si no fuera por mi donante de órganos y su familia… no tendría la necesidad de pensar en cómo dar las gracias. Por eso, les estaré eternamente agradecida.












