March 30, 2015
<p>Todo el mundo sufre estrés. Si se gestiona adecuadamente, el estrés puede servir como un factor motivador positivo; sin embargo, un estrés excesivo o constante puede afectar negativamente a tu salud. ¡Protege tus riñones, reduce el estrés y mantén tu salud general con estos <a href="/content/stressed-10-ways-protect-your-kidneys">10 consejos</a>!</p>
Todo el mundo experimenta estrés. El estrés puede ser fisiológico (debido a una infección, una lesión o una enfermedad) o psicológico (debido a la ansiedad, los conflictos o las amenazas a la seguridad o al bienestar). El estrés psicológico es algo con lo que lidiamos a diario. Tiene connotaciones negativas, pero también experimentamos estrés como respuesta a acontecimientos positivos de la vida, como casarse o formar una familia, además de a acontecimientos emocionalmente difíciles, como la pérdida de un ser querido, el divorcio o los problemas económicos. Recibir un diagnóstico reciente o vivir con una enfermedad crónica, como la enfermedad del riñón, también puede ser una fuente importante de estrés.
Cuando se canaliza adecuadamente, el estrés puede servir como un motivador positivo para afrontar los retos de la vida. Sin embargo, un estrés excesivo o constante puede pasar factura a su salud. Las respuestas físicas al estrés incluyen una respiración y un ritmo cardíaco más rápidos, un aumento repentino de la presión arterial, pupilas dilatadas, tensión muscular y un aumento de los niveles de grasas y azúcares en el torrente sanguíneo. Esto ayuda al cuerpo a hacer frente a peligros y crisis inmediatas, pero con el tiempo puede contribuir a problemas de salud, como la presión arterial alta, la diabetes y las enfermedades cardíacas, y aumentar el riesgo de padecer una enfermedad del riñón. Si ya padeces una enfermedad cardíaca o del riñón, las reacciones del cuerpo ante el estrés pueden volverse más peligrosas. Aunque es muy difícil eliminar por completo el estrés, aquí tienes 10 formas de reducirlo, proteger tus riñones y mantener tu salud general:
1. Come alimentos más saludables. Cuando estás estresado, puede resultar fácil recurrir a las patatas fritas, pero la comida basura suele estar muy procesada y tener un alto contenido en aditivos de sodio y fósforo, lo que puede tener efectos negativos en los riñones. Plantéate seguir la dieta DASH, que se centra en el consumo de frutas y verduras, cereales integrales, proteínas magras y productos lácteos bajos en grasa.
2. Limita la sal y la cafeína. Un consumo elevado de cafeína puede provocar nerviosismo y no siempre combina bien con los síntomas físicos del estrés. Deja a un lado el salero y lee las etiquetas nutricionales para determinar la cantidad de sodio en los alimentos y bebidas que consumes. Limitar el consumo de sal y cafeína es especialmente importante si tienes presión arterial alta, que es la segunda causa principal de enfermedad del riñón y también aumenta el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un ictus.
3. Dedica tiempo a relajarte. La relajación significa algo diferente para cada persona. Reserva un rato ‘para ti’ en tu agenda para hacer algo que te resulte relajante. Esto puede incluir actividades que puedas realizar fácilmente en casa de forma habitual, como el yoga y la meditación, o algo que pueda ser más bien un capricho especial, como tomarte unas vacaciones o recibir un masaje.
4. Haz ejercicio con regularidad. Cuando haces ejercicio, tu cuerpo libera endorfinas, sustancias químicas que, según se ha demostrado, mejoran el estado de ánimo y reducen la sensación de dolor. El ejercicio regular también puede ayudar a reducir la presión arterial alta y se ha demostrado que incluso pequeñas cantidades de actividad física disminuyen los niveles de estrés. Sube por las escaleras en lugar de usar el ascensor o la escalera mecánica, levanta pesas mientras ves la televisión y aparca el coche más lejos de la tienda o bájate del autobús una parada antes para aumentar el número de pasos que das.
5. Reduce la cantidad de azúcar y grasa en tu dieta. El estadounidense medio consume casi 152 libras de azúcar al año, lo que equivale a casi 3 libras (¡o 6 tazas!) de azúcar a la semana. La grasa es una parte importante y necesaria de tu dieta, pero debe limitarse porque, con 9 calorías por gramo, aporta casi el doble de calorías por gramo que las proteínas o los carbohidratos. Esto la convierte en una de las principales causas del aumento de peso. Si padeces o tienes riesgo de padecer diabetes, enfermedades cardíacas o vasculares, es especialmente importante que controles tu consumo.
6. Mantén una actitud y una perspectiva positivas. Tu forma de pensar influye en cómo te sientes, por lo que mantener una actitud positiva y reducir el estrés puede desempeñar un papel importante para mantenerte sano.
7. Duerme lo suficiente. Dormir bien por la noche es fundamental. Estar bien descansado es más importante de lo que mucha gente cree. ¿Sabías que los estudios han demostrado que no dormir lo suficiente puede provocar un aumento del apetito y, a su vez, un aumento de peso?
8. No te guardes tus sentimientos. Habla con un amigo, un ser querido, un líder espiritual o un profesional de la salud. Escribe en un diario cómo te sientes. Cuando plasmas tus problemas en el papel, resulta más fácil pensar en posibles soluciones. Hacer una lista puede ayudarte a evaluar y priorizar qué cuestiones hay que abordar, para así hacer frente con calma a las causas de tu estrés.
9. Fíjate objetivos y expectativas. Prueba a utilizar el método SMART para que tus objetivos sean específicos, medibles, alcanzables, realistas y verificables.
10. Escucha música. Ya sea música lenta y relajante o ritmos que te hagan mover, escuchar música (¡e incluso bailar y cantar con ella!) puede ayudarte a sentirte menos estresado.

















