Cómo un encuentro fortuito se convirtió en un regalo que salvó una vida

February 14, 2023

Hace dieciséis años, una amiga de la universidad transformó la vida de Morgan Reid al donarle un riñón. Este regalo que le cambió la vida liberó a Morgan de la diálisis y mejoró enormemente su calidad de vida. Impulsada por la gratitud, Morgan ha dedicado desde entonces su vida a garantizar que todo el mundo tenga la misma oportunidad, defendiendo los trasplantes que salvan vidas para todos. 

El diagnóstico de nefropatía por IgA y la falla renal de Morgan

Cuando tenía dieciocho años, las migrañas recurrentes de Morgan fueron los primeros indicios de que algo no iba bien con su salud. Tras insistir un poco por parte de su familia, acudió al médico para que le hicieran unas pruebas. 

“Mi creatinina resultó estar ligeramente elevada, en 1.4. Mi médico de cabecera pensó que quizá se habían confundido mis análisis y pidió más, pero los resultados fueron los mismos”, explicó Morgan. “Me hicieron una ecografía y, finalmente, una biopsia, y descubrí que padecía nefropatía por IgA y que mis migrañas se debían a una presión arterial alta y descontrolada”.

A Morgan le recetaron medicación y la dieron el alta. Durante los tres años siguientes, vivió como muchos otros jóvenes adultos: iba a la universidad, tenía un trabajo y se divertía con sus amigos. A los 21 años, dejó de estar cubierta por el seguro médico de sus padres y perdió la cobertura de los medicamentos recetados. 

“Ya no tomaba la medicación. Supuse que no pasaría nada, siempre y cuando no comiera alimentos salados”, explicó Morgan. “No recibí información sobre mi enfermedad del riñón, la medicación ni cómo frenar su progresión mediante la dieta y el ejercicio. Quizá me habría tomado más en serio la parte de la medicación si la hubiera recibido”.

Sin ser consciente de que su enfermedad del riñón avanzaba rápidamente, Morgan fue a visitar a su tía a otro estado. Estaban de compras cuando Morgan empezó a sentirse rara.

“Mi tía me llevó a una tienda de comestibles para que me tomara la tensión con el tensiómetro. Tenía 228 sobre 160”, explicó Morgan. “Llamé a mi madre, que es enfermera. Entró en pánico de inmediato, ya que era un valor peligrosamente alto”.

Su tía llevó a Morgan rápidamente al hospital, donde descubrieron que padecía falla renal y que debía comenzar con la diálisis de inmediato. Su nivel de creatinina era de 18, presentaba edema cerebral y estaba empezando a quedarse ciega. Los médicos no podían entender cómo era posible que aún se mantuviera en pie. 

“Me ingresaron en la UCI, donde me estabilizaron. Volé de vuelta a Nueva Jersey y fui directamente a ver a mi nefróloga, que me envió de inmediato al hospital para que me colocaran el catéter y pudiera empezar la diálisis”, explicó Morgan. “Estaba tan llena de toxinas que dormía hasta catorce horas seguidas, pero en cuanto empecé con la diálisis peritoneal, empecé a sentirme mejor. Me matriculé de nuevo en la universidad, donde conocí a mi amiga Kellye Miller, quien, al final, me salvaría la vida con un trasplante de riñón”.

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Recibir un trasplante de riñón

Morgan with donor and transplant surgeon

Como joven extrovertida, Morgan nunca conocía a nadie con quien no pudiera entablar amistad.

“Soy sociable por naturaleza: hablo con todo el mundo”, dijo Morgan. “Un día me acerqué a Kellye y le dije: ‘Estamos en la misma clase por la mañana y por la tarde. Tú vas por el campus y yo también. Deberíamos salir juntas’. Así es como nos hicimos amigas”.

Kellye y Morgan pasaban todo el día juntas por el campus antes de que el grupo de amigos se aventurara a ir a Nueva York a bailar y divertirse. Siempre invitaban a Morgan, pero ella tenía que estar en casa por la noche para someterse a la diálisis peritoneal. 

“Nunca les conté a mis compañeros de la universidad ni a mis amigos que necesitaba un trasplante o que estaba en diálisis porque no quería que nadie sintiera lástima por mí ni me tratara de forma diferente”, explicó Morgan. “Un día, Kellye insistió en saber por qué y finalmente le conté que estaba en diálisis y que necesitaba un trasplante de riñón. Dos semanas después, se acercó a mí y se ofreció a donarme uno de sus riñones”.

Al principio, Morgan rechazó la oferta, ya que no podía hacerse a la idea de aceptar un regalo tan generoso sin devolverle el favor. Pero, seis meses después, la salud de Morgan comenzó a deteriorarse y Kellye volvió a ofrecerse a donarle un riñón. 

“Supuse que era Dios quien me daba una cuerda salvavidas más, así que le di el nombre y el número de mi coordinadora de trasplantes”, explicó Morgan. “Kellye se sometió a todas las pruebas y nunca olvidaré el día en que recibí la llamada en la que me dijeron que era compatible”.

El trasplante de Morgan tuvo lugar el 9 de enero de 2007: “Han pasado 16 años y estoy llena de vida. Eso es lo que me impulsa en el trabajo que realizo cada día en la National Kidney Foundation como directora de Política y Estrategia de Trasplantes. Es realmente un gran honor y un privilegio poder dar de regreso lo que he recibido y defender a los pacientes renales como yo. Haré todo lo que esté en mi mano para ayudar a otras personas a recibir el regalo de la vida que yo he recibido. Todo ello sale de mi corazón y de mi riñón”.

Trabajar para garantizar que todo el mundo reciba un trasplante

Morgan Reid with kidney leaders at the 2024 Kidney Summit

Hay muchos factores ambientales, médicos y sociales que pueden aumentar el riesgo de padecer una enfermedad del riñón y suponer un obstáculo para recibir un trasplante de riñón. 

“Existen desigualdades en todas las fases de la atención renal continua. Las comunidades más desfavorecidas, las comunidades de minorías étnicas y las comunidades rurales suelen enfrentarse a un diagnóstico tardío de la enfermedad del riñón y carecen de los medios para frenar su progresión”, afirmó Morgan. “El transporte, el cuidado de los niños y las personas mayores, así como los determinantes sociales de la salud de una persona —como la educación y los conocimientos sobre salud— pueden retrasar la derivación y la evaluación para el trasplante”.

La NKF ha trabajado para mejorar la equidad en la atención de los trasplantes, contribuyendo a la aprobación de la Ley de Protección de los Donantes Vivos en varios estados y eliminando a nivel nacional la ecuación de la taza de filtración glomerular (eGFR, por sus siglas en inglés) basada en la raza.

“Se utilizaban dos ecuaciones; una de ellas incluía un coeficiente basado en la raza. Si una persona es negra, el cálculo solía dar como resultado que su función renal no fuera tan mala como realmente era, lo que significaba que se retrasaba su derivación para un trasplante”, explicó Morgan. “La eliminación de ese coeficiente basado en la raza iguala las condiciones. La OPTN (Red de Obtención y Trasplante de Órganos) ha acordado por unanimidad restablecer o modificar el tiempo de espera para aquellos pacientes negros que fueron evaluados utilizando el cálculo del eGFR basado en la raza, que esperamos que pronto quede obsoleto”.

El equipo está redactando actualmente la Ley de Transparencia, Accesibilidad y Reforma del Trasplante de Órganos (OTTAR) para conceder ayudas a los pacientes que necesiten financiación y mejorar la transparencia de los datos. 

“Se estima que 37 millones de personas viven con enfermedad del riñón crónica y que miles de ellas padecen enfermedad renal en fase terminal y están en diálisis. Hay más de 90,000 personas en la lista de espera para un trasplante de riñón. Queremos asegurarnos de que las personas reciban un trasplante”, afirmó Morgan. “Creemos que todo el mundo, independientemente de su raza, situación socioeconómica, determinantes sociales de la salud y género, merece tener acceso a los trasplantes”.

¿Quieres ayudar a Morgan a conseguir trasplantes para todos? Hazte defensor de “Voices for Kidney Health”. Tu voz y tu apoyo marcan la diferencia.

Este contenido se proporciona únicamente para el uso informativo y no se pretende como consejo médico o como sustituto del consejo médico de un profesional de la salud.
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