October 25, 2022
Cuando Kelli Strother entró en la oficina local de la NKF en 2018, esperaba hablar sobre políticas de salud renal y averiguar cómo su empresa podría ayudar a mejorar los servicios de salud mental para las personas con enfermedad del riñón. Salió de allí con ideas para colaborar y una invitación a un evento de evaluación de problemas renales, lo que, sin saberlo, marcaría el inicio de su camino para convertirse en donante de riñón.
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Durante su reunión con el personal de la NKF, Kelli, que es directora de Asuntos Gubernamentales Estatales en Otsuka, comentó de pasada que su padre estaba en diálisis tras haber perdido la función renal a causa de una enfermedad autoinmune aguda. Al enterarse de ello, la oficina local de la NKF le sugirió que colaborara como voluntaria con ellos al margen de su organización.
“Antes de empezar a colaborar con la NKF, sabía lo que era un trasplante —todos lo sabemos—, pero no lo entendemos y no sabemos por dónde empezar”, explicó Kelli. “Unas semanas más tarde, me presenté como voluntaria en un evento de evaluación de donantes renales de la NKF. Allí hablé con una persona que recibe el riñón: la primera persona a la que conocía lo suficientemente bien como para mantener una conversación sobre la donación de riñón”.
Unas semanas más tarde, Kelli decidió acudir a la ‘Kidney Walk’ de la NKF, donde vio y habló con el mismo hombre.
“Es profesor de colegio y me contó que los padres de uno de sus alumnos le habían donado un riñón”, explicó Kelli. “Para mí fue una revelación. Pensé: ‘¿Significa esto que puedo donarle mi riñón a mi padre?’”.
Kelli estaba impaciente por contarle a su padre su idea: iba a donarle su riñón. Pero su padre rechazó la oferta. “Creía que sería peligroso para mí. Me dijo: ‘No puedo pedirte que hagas eso’. Yo le respondí: ‘Papá, quiero hacerlo. Al menos deberíamos informarnos’”.
Kelli no iba a rendirse tan fácilmente. El siguiente evento de la NKF al que asistió le dio aún más motivación e inspiración para convencer a su padre.
“Fui y vi a todos esos donantes y receptores del riñón que participaban. Un hombre llevaba una camiseta que decía ‘rock one kidney’. El ambiente era muy divertido”, explicó Kelli. “Pude hacer preguntas y hablar en privado con los donantes. Uno de ellos era un corredor de ultradistancia que había completado carreras de 100 millas con un solo riñón”.
Escuchar cómo este donante colaboraba con su equipo médico para seguir practicando el deporte que le apasionaba inspiró a Kelli. Le transmitió esta información a su padre para demostrarle que la donación de riñón era segura y que no afectaría a su salud. Una vez tranquilo, el padre de Kelli inició los procesos de evaluación y Kelli supo que era compatible.
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La donación de riñón de Kelli

Antes de que se fijara la fecha del trasplante, Kelli recibió una llamada del cirujano. Había una mujer, Willayna, cuyo marido era compatible con ella, pero debido a la incompatibilidad de sus anticuerpos, la intervención no podía llevarse a cabo. Era probable que los anticuerpos alertaran al sistema inmunitario de Willayna de la presencia de un objeto extraño —el riñón— y lo atacaran.
Los anticuerpos de Kelli, por el contrario, eran compatibles con los de Willayna: ¿estaría dispuesta a donarle su riñón a ella en su lugar? A cambio, el marido de Willayna donaría su riñón al padre de Kelli en lo que se denomina un intercambio pareado de riñones, un programa que permite a los donantes “intercambiar” riñones con otros receptores compatibles de la lista de espera.
“Le pregunté si el hecho de que papá recibiera un riñón de alguien que no fuera de la familia cambiaría su pronóstico. Él respondió: ‘Por supuesto que no. Probablemente a tu padre le iría mejor con un riñón de un hombre por el tamaño, ya que son aproximadamente un 25% más grandes’”, explicó Kelli. “Después de eso, el factor más importante que tuve en cuenta fue saber que podría sacar a dos personas de la diálisis en un solo día”.
Con esta información, Kelli aceptó el intercambio pareado de riñones. El 23 de mayo de 2019, su acto desinteresado supuso un regalo que cambió la vida de dos personas.
“Me alegra poder decir que, tres años después, mi padre está estupendamente y la otra pareja es ya como de la familia. Nos vemos con regularidad”, dijo Kelli. “Willayna, mi receptora, va a venir a mi ciudad para participar conmigo en la NKF Kidney Walk. Ha sido un viaje realmente increíble. Me siento muy afortunada”.
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Drive for Dialysis

El compromiso de Kelli con la causa renal no se detuvo ahí: es presidenta de la delegación local de la NKF y colabora con el Comité de Abogacía de la Salud Renal. A través de él, conoció “Drive for Dialysis”, una iniciativa en el ámbito laboral en la que los miembros del equipo se ofrecen como voluntarios para preparar paquetes de ayuda para personas en diálisis, al tiempo que aprenden sobre la salud renal.
“Creo que mis compañeros de Otsuka han aprendido algo nuevo. Cualquier cosa que hagamos para concientizar sobre el proceso de la diálisis es importante”, afirmó Kelli. “Mi padre estaba en diálisis y yo, la verdad, no sabía mucho al respecto. Drive for Dialysis sin duda ayuda”.
“Es maravilloso que contemos con tecnología de diálisis que salva vidas y con personas que dedican su vida a cuidar de estos pacientes en diálisis, pero sé que es difícil”, dijo Kelli. “Por eso, cualquier cosa que podamos hacer para que su tiempo en diálisis sea mejor y más cómodo, y para que se sientan apoyados y cuidados, es estupendo. Cualquier cosa que podamos hacer para aumentar las donaciones en vida y ayudar a las personas a dejar la diálisis es aún mejor”.
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