Una madre supera la depresión tras donar un riñón

August 18, 2018

Tras donarle un riñón a su hijo de 7 años, una joven madre sufre depresión postrasplante
 
Por Tate Gunnerson
 
Hay una razón por la que el término “mamá osa”, que hace referencia al instinto protector, a menudo feroz, de una madre, se ha convertido en un cliché. Traci Kozak-Krist, profesora de tercer curso en un pueblo rural de Nueva York, es un buen ejemplo de ello. Cuando el hijo de Traci, Tanner, nació con una malformación renal, ella estaba preparada, incluso decidida, a donarle uno de los suyos si fuera necesario. Afortunadamente, tanto ella como su marido, Matt, se emparejaban con su hijo, y cuando Tanner tenía 5 años, decidieron que Matt sería el donante.
 
“Querían que la persona más organizada se ocupara de los otros dos, y esa soy yo”, dijo Traci. “Como profesora, tienes un plan, elaboras un horario y te ciñes a él”.
 
Al principio, la intervención pareció ser un éxito. Los niveles de creatinina de Tanner —un indicador de la función renal— volvieron a la normalidad, y Matt y Traci tenían la esperanza de que pudiera disfrutar de una infancia normal. Pero 18 meses después, un problema circulatorio provocó un fallo renal, y Tanner tuvo que someterse a diálisis dos veces por semana. La pareja quedó “devastada”, dijo Traci, pero tuvieron muy poco tiempo para asimilar esos intensos sentimientos antes de que le tocara a ella donarle un riñón a Tanner.
 
“Yo era el plan B, pero se suponía que eso no iba a pasar hasta dentro de 20 – 30 años”, explicó Traci.
 
Cuando Matt donó su riñón, se recuperó rápidamente y volvió al trabajo como agente de policía varias semanas después. Para Traci, en cambio, la recuperación fue más complicada. La primera vez que intentó salir a correr, “sentí como si mis entrañas se estrellaran contra una pared de ladrillos”, explicó Traci. “Creo que donar un riñón fue más doloroso que dar a luz a mi hijo por cesárea”. Para Traci, el dolor era difícil de ignorar; sentía un dolor sordo cuando se reía, se ataba los cordones de los zapatos o incluso solo intentaba ponerse de pie.
 
Pero a veces Traci estaba tan deprimida que ni siquiera tenía ganas de ponerse de pie o de levantarse de la cama por las mañanas. También luchaba contra la ansiedad. Aunque Tanner estaba bien, Traci se obsesionaba con su salud y se preocupaba por el futuro. La posibilidad de que ella misma pudiera desarrollar una enfermedad del riñón algún día también le preocupaba.
 
“Con un solo riñón, corres un mayor riesgo”, dijo Traci. “Quizá mi subconsciente se centraba en eso”.
 
La depresión, la ansiedad y otros problemas emocionales son habituales entre los donantes vivos. Cuando el equipo psicológico del centro de trasplantes realizó el check-in con Traci, ella fue sincera sobre sus sentimientos y siguió sus consejos. Empezó a escribir un diario y se fijó objetivos: ir al supermercado, por ejemplo, o simplemente dar una vuelta a la manzana. Para cuando empezó a prepararse para el nuevo curso escolar, la depresión de Traci había remitido.
 
“Era una persona normal y corriente —dijo Traci—, no alguien que cuidara de un niño con una enfermedad del riñón ni que se preocupara por su propia salud”.
 
Con el ánimo renovado y viendo que Tanner estaba bien, Traci decidió dar de regreso lo que había recibido. Empezó a trabajar como voluntaria para la National Kidney Foundation y los Servicios de Trasplantes del Norte del Estado de Nueva York (Unyts). Incluso participó en un anuncio de televisión. Es importante, dijo, concienciar a la gente.
 
“Si no quieres ser donante vivo de órganos, puedes donar sangre o registrarte como donante de órganos tras tu fallecimiento”, dijo Traci. “Esto puede ayudar a muchísima gente”.
 
A sus 17 años, Tanner está creciendo sano y fuerte, pero el rechazo es una posibilidad muy real. El año pasado recibió tratamiento por rechazo en dos ocasiones, y tres veces el año anterior, cada una de las cuales requirió varios días de hospitalización. Traci ha perdido la cuenta de cuántas veces ha sido en total. Pero está agradecida por cada uno de esos días.
 
“No podríamos hacerlo sin nuestra familia y sin el apoyo que recibimos”, dijo Traci. “A pesar de todo lo que hemos pasado, seguimos siendo afortunados”.
 

También te puede interesar: 

Este contenido se proporciona únicamente para el uso informativo y no se pretende como consejo médico o como sustituto del consejo médico de un profesional de la salud.
© 2026 Fundación Nacional del Riñón, Inc.