May 09, 2018
Hace siete meses, el marido de Leah Elliott, Christopher, la llamó mientras ella estaba de viaje en Florida para proponerle una idea de negocio inesperada. Quería abrir un puesto al borde de la carretera para vender manzanas y calabazas durante el otoño. “Mi marido es un soñador”, dice Leah. “Su pasión por la agricultura se la transmitió su abuelo, que era agricultor”.
Se sorprendió a sí misma al dar su visto bueno y, ya entonces, tenía la sensación de que había algo más importante relacionado con este proyecto. En cuanto regresó de su viaje, Leah y su marido se pusieron manos a la obra para crear su negocio y darlo a conocer en las redes sociales. Fue entonces cuando Leah conoció a Wendy Shirley, su primer contacto en Facebook.
Shirley, enfermera de profesión, vendía tallos de maíz de la granja lechera de su marido. Leah necesitaba comprar algunos tallos de maíz para su puesto al borde de la carretera, así que se pusieron en contacto. Su primer encuentro no fue precisamente memorable, pero poco después, una amiga íntima le contó que Wendy necesitaba un trasplante de riñón. “Le dije que le daría uno de los míos, pero no volví a pensar en ello hasta una semana más tarde, cuando vi en Facebook una publicación sobre la necesidad de Wendy de un riñón”, cuenta Leah. “Me inscribí como donante y, una semana después, ¡descubrí que mi riñón era compatible! No me lo podía creer”.
Al principio, había tanta gente dispuesta a ayudar a Wendy que parecía que el riñón de Leah no iba a ser necesario. “Me quedé totalmente desanimada”, admite Leah. “Pero sentía que Dios me estaba guiando hacia ella. No sé cómo explicarlo». Leah también se dio cuenta de sus similitudes: ambas eran esposas, madres y hermanas. Insistió y pidió al hospital que la tuvieran en cuenta de todos modos. Siete semanas después, Leah recibió por fin la llamada que había estado esperando: el hospital la seleccionó como persona compatible con Wendy. “Ni siquiera puedo empezar a describirte cómo me sentí”, dice Leah. “¡De verdad que no hay palabras para expresar ese tipo de alegría!”.
A la semana siguiente, Leah acudió al hospital para someterse a unas pruebas. Aunque hubo algunos contratiempos iniciales, finalmente supo que había sido aprobada como donante. Le costó mucho no echarse a llorar de felicidad allí mismo. “Más tarde lloré no solo por Wendy, porque se merecía esta nueva oportunidad de llevar una vida más sana, sino que también lloré por mí misma porque estaba tan feliz, ¡y me sentí genial!”, dice Leah.
El 30 de enero de 2018, Wendy se sometió a un trasplante de riñón con el riñón de Leah, y la operación fue un éxito para ambas. Las dos (Leah, en la foto a la izquierda, y Wendy, en la foto a la derecha) siguen manteniendo una estrecha relación y se visitan mutuamente en su ciudad natal, Lascassas, Tennessee.
Leah y su marido tienen previsto abrir su puesto al borde de la carretera este otoño. “Ha sido un camino increíble y me siento afortunada de tener a Wendy y a toda su familia en mi vida”, afirma Leah. “¡Es increíble cómo se puede querer a alguien tan profundamente y conocerla solo desde hace tan poco tiempo! Donar mi riñón fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida adulta y, si pudiera volver a hacerlo, ¡lo haría sin dudarlo!”.


















