November 08, 2022
<div><a href="https://www.kidney.org/newsletter/covid-19-experience-technician-s-pers… destacado de CNNT: LA EXPERIENCIA CON LA COVID-19 DESDE LA PERSPECTIVA DE UN TÉCNICO</strong></a></div>
<p><em>Danilo B. Concepcion, CBNT, CCHT-A, Fellowship NKF</em></p>
<p>Los centros tuvieron que adaptarse a los frecuentes y, en ocasiones, repentinos cambios en los requisitos de respuesta ante la COVID-19 establecidos por los CDC. Las políticas y procedimientos implementados para aislar a los pacientes que habían dado positivo en COVID de los pacientes que eran PUI (personas bajo investigación) y de la población general del centro supusieron un reto enorme. Se produjeron varios cambios que alteraron la programación de los pacientes, los horarios de atención y los turnos del personal para dar cabida a dicho aislamiento. El distanciamiento social afectó a la sala de espera de los pacientes e interfirió en las interacciones sociales entre estos y sus visitantes.</p>
Danilo B. Concepción, CBNT, CCHT-A, Fellowship NKF
Antes de la pandemia de COVID-19, los requisitos de control de infecciones en diálisis para prevenir la contaminación cruzada ya estaban bien establecidos como exigencia de los CDC y de las “Condiciones de cobertura para la insuficiencia renal terminal” (ESRD). Las precauciones en diálisis exigían que no se compartieran artículos entre pacientes, que se utilizara el EPI adecuado para proteger los ojos y la cara, que se practicara la higiene de manos, que se desinfectara el entorno tras quedar libre una estación y que se mantuviera la separación espacial entre pacientes. Lo que había que mejorar era complementar y ampliar la evaluación habitual previa a la diálisis —que consistía en medir el peso y la temperatura— con la incorporación de una evaluación previa de síntomas de COVID-19, los desplazamientos fuera de la localidad y la posible exposición a familiares o personas con COVID-19, por citar algunos ejemplos.
Los centros tuvieron que adaptarse a los cambios frecuentes, y en ocasiones repentinos, en los requisitos de respuesta a la COVID-19 establecidos por los CDC. Las políticas y procedimientos implementados para segregar a los pacientes que habían dado positivo en COVID-19 de los pacientes que eran PUI (personas bajo investigación) y de la población general del centro supusieron un reto extremo. Se produjeron varios cambios que alteraron los horarios de los pacientes, los horarios de atención y los turnos del personal para adaptarse a la segregación. El distanciamiento social afectó a la sala de espera de los pacientes e interfirió en las interacciones sociales entre pacientes y visitantes. En algunos centros, los pacientes tuvieron que esperar en sus vehículos hasta que el personal del centro les indicara que entraran.
El aumento de la demanda de guantes, mascarillas y protectores faciales por parte del sector público y la comunidad sanitaria supuso una carga para la cadena de suministro. En algunos momentos, los CDC recomendaron estrategias para ahorrar EPI, como la reutilización de las mascarillas. La escasez de personal debido a los casos de COVID-19 y/o a las restricciones relacionadas con las personas vacunadas y no vacunadas obligó a los centros a trabajar de forma más eficiente con menos recursos. Los problemas con los fabricantes de suministros para diálisis provocaron que algunos centros sufrieran retrasos en el suministro de artículos críticos, como el concentrado, lo que puso en peligro la capacidad diaria de los centros para proporcionar el tratamiento de diálisis.
Estos resúmenes breves, aunque incompletos, de los acontecimientos provocados por la COVID-19 y de cómo reaccionó la comunidad demostraron de forma contundente la resiliencia de los pacientes, el personal y la comunidad renal. Los pacientes se adaptaron y comprendieron la necesidad de ser flexibles con sus horarios. El personal trabajó a pesar del agotamiento por compasión, el agotamiento profesional, la escasez de personal y las clausuras de centros. Gracias a la colaboración, los centros que no podían atender a pacientes positivos en COVID-19 pudieron derivar a los pacientes a unidades de diálisis vecinas que se habían establecido como “centro de referencia” para agrupar a los pacientes de diálisis con COVID. El Gobierno y las agencias estatales establecieron exenciones para permitir la suspensión de la presentación de determinados datos, las inspecciones in situ y el cumplimiento de los requisitos por parte del personal para la renovación de la certificación profesional. Organizaciones como la ASN, la RHA, la coalición “Making Dialysis Safer”, la NKF y la NANT se movilizaron para garantizar que la comunidad dispusiera de recursos y herramientas que le ayudaran a hacer frente a la pandemia de COVID.
Me enorgullece saber que formo parte del equipo interdisciplinar de nefrólogos, enfermeros, trabajadores sociales, dietistas, técnicos y todos los miembros de la comunidad renal que han demostrado la capacidad y el compromiso necesarios para ser flexibles y adaptarse a tiempos adversos y difíciles. La atención a la salud, el bienestar y las necesidades de nuestros pacientes ha sido, es y siempre será nuestra vocación y nuestro objetivo.
















