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April 25, 2019
Cindy Stein, de 52 años, paciente renal, se encontraba grave y al borde de la muerte. Esta antigua bailarina profesional y agente inmobiliaria estaba postrada en cama y no podía levantar la cabeza. La enfermedad del riñón poliquística le había provocado falla renal.
Durante meses, la diálisis peritoneal diaria la mantuvo con vida, pero no le proporcionaba calidad de vida. Estaba conectada a una máquina de diálisis siete horas al día. Sufría un dolor intenso y se sentía agotada. Lloraba todos los días. Cindy estaba en la lista de espera para recibir un riñón de un donante fallecido. No se sentía optimista. Sin embargo, pensaba que morir en diálisis era mejor que levantar la mano y contarle al mundo su mayor “debilidad”: que necesitaba un riñón.
“Ni siquiera quería decirle a la gente que estaba enferma”, dijo. Su marido, su cuñado y docenas de amigos, familiares y desconocidos no iban a permitir que eso sucediera. Tampoco lo haría otra desconocida, Cherie Peters, directora de programas de la National Kidney Foundation que presta servicio en la región de Alleghenies. El marido de Cindy, Brian Stein, empezó a investigar todo lo que pudo y se topó con una publicación sobre La Pregunta y el Regalo más Grande, un programa de la National Kidney Foundation (NKF) destinado a enseñar a los pacientes cómo dar a conocer a su comunidad que necesitan un riñón de un donante vivo.
Superar el miedo fue el primer obstáculo
Aun así, Cindy no quería que nadie supiera de su enfermedad. “Tenía muchas dudas”, dijo. “¿Cómo iba a empezar a pedirle a alguien que me donara una parte de su cuerpo? Además, sabía cómo salir adelante por mí misma, sin ayuda de nadie”. Su familia intentó convencerla durante semanas para que se informara sobre el programa, pero fue en vano, hasta que un día su marido dijo algo que la hizo cambiar de opinión.
Él le preguntó: “¿No quieres un futuro conmigo?”. Eso fue lo que decidió a Cindy. Le dio luz verde a su marido para que se informara más sobre La Pregunta y el Regalo más Grande. El programa de la NKF tiene solo un par de años y ofrece apoyo directo a pacientes y cuidadores, acceso a comunidades en línea, una campaña de abogacía y una campaña multimedia para concientizar al público. Todos los recursos son gratuitos. Brian Stein se puso en contacto con NKF al Servicio de los Allegheny y con Cherie Peters.
Los Stein se lo contaron a sus amigos y familiares
En pocas semanas, los Stein organizaron un evento llamado “Un riñón para Cindy”. Acudieron unas 130 personas de su comunidad para escuchar la emotiva presentación de Peters sobre la donación de riñón en vida. La vecina de Cindy, también paciente renal que había contado con el apoyo de Cindy a lo largo de los años, pronunció un discurso que conmovió a todos hasta las lágrimas. “Sé que Cindy no os pedirá que le donéis un riñón, pero yo sí lo haré”, dijo su vecina a los asistentes. “Ella me salvó la vida; ahora vosotros podéis salvar la suya”.
Esa noche, diez personas se inscribieron para someterse a las pruebas como posibles donantes. Por diversas razones médicas, uno tras otro, casi todos fueron descartados de la lista. Cindy empezó a aceptar que, después de todo, quizá moriría a causa de la enfermedad.
Buenas noticias en cuestión de meses
La familia se reunió en Acción de Gracias para darle una sorpresa. Su cuñado, el Dr. Jonathan Stein, resultó ser compatible y recibió el visto bueno para donar su riñón a la esposa de su hermano. En diciembre, el Dr. Stein donó un riñón a Cindy.
“Le digo a mi suegra: ‘Tu hijo menor se casó conmigo y es el amor de mi vida, y tu hijo mayor me salvó la vida y dio de regreso a su hermano pequeño a su esposa’”, dijo Cindy. Tras la operación, tanto Cindy como su cuñado se encuentran muy bien, aunque ella reconoció que fue una intervención difícil. “Los dos hemos cambiado para mejor”, dijo. “He aprendido que hay muchísima gente buena en el mundo que solo quiere ayudar. Pasaré el resto de mi vida sintiéndome agradecida y con un nuevo nivel de felicidad. A mi cuñado también le ha cambiado. Está muy feliz, y creo que orgulloso, de haber podido ayudar”.
El apoyo que recibió de la comunidad sorprendió a Cindy. Recibió tarjetas por correo de personas que ni siquiera conocía, y había desconocidos dispuestos a donarle un riñón. Se dio cuenta de que ella también había aportado algo a la lista de posibles donantes: la oportunidad de acudir en ayuda de otro ser humano de una forma tan significativa. Ahora sabe que eso es un regalo especial.
Agradecida por “La Pregunta y el Regalo más Grande”
Se emociona hasta las lágrimas cuando habla de Cherie y de la NKF. “Ella estuvo en contacto con nosotros de una forma cariñosa y solidaria durante todo el proceso. Todo el equipo de la NKF, en Alleghanies, me acompañó de principio a fin. Son la única razón por la que hoy estoy aquí sentada”.
Cindy anima a todos los pacientes renales a participar en el programa “La Pregunta y el Regalo más Grande” y a hacer saber a las personas de su entorno que necesitan ayuda. “No solo cambiará tu vida, sino también la del donante”, afirma.
Para obtener más información sobre “La Pregunta y el Regalo más Grande”, visita www.kidney.org/livingdonation


















