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April 26, 2018
Como madre y profesora de primaria, Melanie Litt siempre se había sentido preparada para cualquier cosa… hasta hace siete años, cuando pasó de ser una mujer aparentemente sana que estaba cursando la titulación para ser directora a recibir el diagnóstico de glomeruloesclerosis focal y segmentaria (FSGS).
Una noche, Melanie simplemente no se sentía “bien” y acudió a urgencias, pero como ninguno de los médicos pudo establecer un diagnóstico, la enviaron a casa y le dijeron que acudiera a su médico de cabecera. Cuando llegó la cita, cuatro días después, Melanie había acumulado 50 libras de peso por retención de líquidos y la enviaron directamente de nuevo a urgencias. Allí se enteró de que padecía falla renal, pero los médicos no tenían ni idea de por qué.
Unas semanas y muchas pruebas más tarde, Melanie por fin recibió un diagnóstico: FSGS idiopática, una enfermedad para la que no había una causa clara ni una solución sencilla.
El médico de Melanie le aconsejó que se planteara someterse a un trasplante. Por aquel entonces, el hijo de Melanie, Landon, tenía 25 años y, tras investigar a fondo, se ofreció voluntario para ser donante vivo de su madre, lo que provocó en Melanie una complicada mezcla de emociones. Estaba orgullosa de su hijo por ser tan desinteresado y valiente, pero al mismo tiempo temía por ambos cuando pensaba en lo que les esperaba.
Al final, aceptó. “Mi marido, Patrick, que era —y sigue siendo— mi mayor apoyo, me ayudó a comprender que Landon era un adulto que tomaba una decisión informada, y que teníamos que confiar en ello”, afirma Melanie.
Al someterse a la intervención a mediados de diciembre, tanto Melanie como Landon sabían que había un 50% de posibilidades de que el trasplante fracasara. En enero, Melanie se enteró de que la FSGS también estaba presente en el riñón que había recibido de Landon.
El trasplante había fracasado, pero para Melanie la historia no termina ahí.
“Antes de mi operación, les di a todos mis alumnos una pegatina con una carita sonriente y les pedí que la llevaran puesta el día de mi trasplante para enviarme buenas vibraciones”, cuenta Melanie. “Mi cuñada, Diane, publicó algo sobre las pegatinas en las redes sociales, llamándolo ‘Operación Sonrisa’, y poco después, la idea se extendió a toda mi comunidad. ¡La gente incluso me envió fotos de carteles que habían creado con caras sonrientes! A partir de ese momento, las caras sonrientes se convirtieron en mi seña de identidad. Las tengo por todas partes: me ayudan a mantener una actitud positiva y a centrarme en el futuro”.
Hoy en día, Melanie se somete a diálisis peritoneal, una forma más suave de diálisis que se realiza en casa. Se encuentra bien y ha vuelto a trabajar a tiempo parcial.
El resto de su tiempo lo dedica a ayudar a otros pacientes a prepararse para el proceso de diálisis y a trabajar como voluntaria, defensora y mentora de otros pacientes en la National Kidney Foundation. “Landon me dio el mayor regalo de todos, pero muchas otras personas estuvieron ahí para mi familia y para mí cuando las cosas estaban en su peor momento”, dice Melanie. “Desde donar sangre y plasma hasta cortar el césped y cuidar de mis perros: todo el mundo se unió para ayudar. Ahora me toca a mí dar de regreso el favor”.
En cuanto al futuro, Melanie está explorando actualmente nuevas opciones de tratamiento y la posibilidad de otro trasplante. Sea cual sea el resultado, sabe que estará preparada para afrontarlo con una sonrisa. “Para cualquiera que se enfrente a una enfermedad u otra situación difícil, la actitud positiva es la clave para superarla”, afirma. “Para mí, poder ir a trabajar y llevar una vida lo más normal posible es maravilloso, porque es algo que realmente no pensaba que llegaría a hacer. Siempre hay algo por lo que estar agradecida”.


















