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February 12, 2018
Cuando la dificultad para respirar la llevó a pasar una semana ingresada en el hospital en 2011, Felicia Curry se quedó consternada. Le habían diagnosticado presión arterial alta diez años antes, pero como nunca se lo había tomado muy en serio, no tomaba los medicamentos recetados de forma regular. Con el paso de los años, la presión arterial alta le pasó factura, destruyéndole los riñones y, finalmente, llevándola al hospital.
El equipo médico le comunicó que tendría que someterse a diálisis. Aunque fue un diagnóstico difícil de asimilar, Felicia afirma: “Me lo tomé con calma porque sé que yo misma tuve parte de culpa. Al no tomar mis medicamentos para la presión arterial alta de forma regular, contribuí a mi falla renal, y para sobrevivir tenía que aceptar mi responsabilidad y buscar tratamiento”.
La actitud positiva de Felicia y su determinación por vivir el momento, en lugar de obsesionarse con los “debería, habría, podría”, le hicieron entablar rápidamente amistad con muchas personas en su centro de hemodiálisis, incluido el personal.
Un día, durante la diálisis, se fijó en un hombre desconocido que recibía tratamiento al otro lado de la sala. Según Felicia: “Nunca lo había visto antes, pero me llamó la atención de inmediato”. Decidida a averiguar más, se alió con una técnica de diálisis llamada Stephanie, con quien tenía buena relación, para hacerle algunas preguntas sobre este nuevo y atractivo caballero.
Lo
primero que hizo Felicia fue averiguar si estaba disponible sentimentalmente. Después de que ella y Stephanie determinaran que estaba soltero, una decidida Felicia se acercó con paso tranquilo a su posible pareja para presentarse.
Como dice el refrán, el resto es historia. Felicia y Reginald han sido inseparables desde entonces y se casaron este mes de enero, justo un año después de su fatídico primer encuentro.
Felicia atribuye su compatibilidad y química no solo a sus personalidades, sino también a su comprensión mutua de lo que supone querer prosperar y llevar una vida normal mientras se gestiona una enfermedad crónica.
Felicia afirma: “Tenemos una verdadera relación de pareja que no se basa en los roles de género tradicionales. Por ejemplo, si uno de los dos está cansado o no tiene ganas de cocinar o limpiar, el otro echa una mano. Creo firmemente en que hay alguien para cada persona y, para mí, Reggie es mi alma gemela. Nos apoyamos mutuamente de tal manera que ninguno de los dos tiene que fingir ser algo que no es”.
Al final, el amor realmente lo conquista todo.
El equipo médico le comunicó que tendría que someterse a diálisis. Aunque fue un diagnóstico difícil de asimilar, Felicia afirma: “Me lo tomé con calma porque sé que yo misma tuve parte de culpa. Al no tomar mis medicamentos para la presión arterial alta de forma regular, contribuí a mi falla renal, y para sobrevivir tenía que aceptar mi responsabilidad y buscar tratamiento”.
La actitud positiva de Felicia y su determinación por vivir el momento, en lugar de obsesionarse con los “debería, habría, podría”, le hicieron entablar rápidamente amistad con muchas personas en su centro de hemodiálisis, incluido el personal.
Un día, durante la diálisis, se fijó en un hombre desconocido que recibía tratamiento al otro lado de la sala. Según Felicia: “Nunca lo había visto antes, pero me llamó la atención de inmediato”. Decidida a averiguar más, se alió con una técnica de diálisis llamada Stephanie, con quien tenía buena relación, para hacerle algunas preguntas sobre este nuevo y atractivo caballero.
Lo
primero que hizo Felicia fue averiguar si estaba disponible sentimentalmente. Después de que ella y Stephanie determinaran que estaba soltero, una decidida Felicia se acercó con paso tranquilo a su posible pareja para presentarse.
Como dice el refrán, el resto es historia. Felicia y Reginald han sido inseparables desde entonces y se casaron este mes de enero, justo un año después de su fatídico primer encuentro.
Felicia atribuye su compatibilidad y química no solo a sus personalidades, sino también a su comprensión mutua de lo que supone querer prosperar y llevar una vida normal mientras se gestiona una enfermedad crónica.
Felicia afirma: “Tenemos una verdadera relación de pareja que no se basa en los roles de género tradicionales. Por ejemplo, si uno de los dos está cansado o no tiene ganas de cocinar o limpiar, el otro echa una mano. Creo firmemente en que hay alguien para cada persona y, para mí, Reggie es mi alma gemela. Nos apoyamos mutuamente de tal manera que ninguno de los dos tiene que fingir ser algo que no es”.
Al final, el amor realmente lo conquista todo.

















