August 17, 2021
Nos enorgullece compartir un relato de primera mano sobre cómo es la vida de una persona inmunodeprimida que está viviendo la cuarta ola de la pandemia de COVID-19. Esta entrada del diario se publica tal y como fue escrita, antes de que se recomendaran recientemente las dosis de refuerzo para pacientes como Laurie. Para obtener más información sobre la COVID-19 y la enfermedad del riñón, visita kidney.org/covid-19 o llama a nuestra línea de ayuda gratuita, 855-NKF-CARES.
Entrada del diario: 5 de agosto de 2021, escrita por Laurie C.
Mi vida como persona que recibe el riñón sin anticuerpos contra la COVID-19
Recibí mi trasplante de riñón de un donante altruista el 10 de diciembre de 2018, tras más de seis años en diálisis. La esperanza y la espera de un riñón es algo que solo quienes se encuentran en esa situación pueden comprender. Fue realmente una sensación increíble cuando recibí el regalo con el que había soñado durante tanto tiempo. Por eso, proteger este regalo a toda costa es algo en lo que pienso cada minuto de cada día.
Las investigaciones indican que mi organismo, inmunodeprimido, no ha desarrollado anticuerpos para combatir la COVID-19, lo que me deja en una situación muy vulnerable. He estado pidiendo y confiando en que la gente piense en los demás, y no solo en sí misma, vacunándose con una vacuna que puede salvar vidas: ¡MI VIDA!
Me recuerdan constantemente que mi vida no es como la de los demás. Tengo que confiar en mí misma, mantenerme a salvo y, sin complejos, preguntar: “¿Estás vacunado?”, cuando no estoy segura de la situación de alguien. Llevo puesta la mascarilla para protegerme a mí misma y a los demás. Soy la guardiana de mi preciado riñón y sé que tengo que estar alerta a toda costa, pero ¿tiene que ser así? ¿Por qué mi vida debería importar menos? Ya dejé mi vida en suspenso una vez mientras esperaba mi trasplante de riñón, y no quiero volver a hacerlo. Es agotador tener continuamente discusiones sobre esto con la gente, incluida mi propia familia.
Estoy totalmente vacunada, pero completamente desprotegida. Mi médico me dice que actúe como si nunca me hubiera vacunado. Imagina que todo el mundo tiene covid.
Vivir con una enfermedad invisible es todo un reto. Si la gente no puede ver tu enfermedad, de alguna manera es como si no existiera.
La salud es algo que la gente da por sentado. “¡A mí no me pasará!”. Claro, igual que nunca imaginé que acabaría en diálisis, que necesitaría un trasplante de riñón y que acabaría tratándome de tú con más médicos, enfermeros y cirujanos de los que jamás hubiera imaginado.
He estado en casa, me he perdido muchos eventos, no pude ver a mi padre cuando se estaba muriendo de COVID hace tres meses, he evitado a la gente que no llevaba mascarilla, a veces siento que tengo que inventarme excusas para no ir a sitios con amigos, y todo esto me está pasando factura a nivel de salud mental.
A la gente no le importa la otra. Lo único que hay que hacer es llevar mascarilla. No tienes que pasar cuatro horas en diálisis con agujas enormes clavadas en el brazo. No tienes que esperar un trasplante que no sabes si se va a producir. No tienes que preocuparte constantemente por si te vas a poner enfermo porque tu cuerpo no está protegido.
La mayor preocupación de la gente es cuándo podrán ir a un restaurante, celebrar su boda, irse de vacaciones… y la lista sigue.
Lo único que pido es que la gente sea empática y simplemente intente comprender lo que supone no saber nunca cuándo será el día en que me ponga enferma y, posiblemente, pierda mi preciado riñón… o mi vida.


















