December 21, 2022
¿Te has pasado estas fiestas preocupándote por los demás? Si es así, es hora de tomarte un respiro y prestar atención a tu salud. Al fin y al cabo, 1 de cada 3 adultos en EE. UU. corre el riesgo de padecer una enfermedad del riñón. Pero la detección temprana puede ayudarte a prevenirla o a ralentizar su avance con éxito.
1. Conoce tus riesgos
La diabetes y la presión arterial alta son las causas de dos tercios de los casos de enfermedad del riñón. Muchas personas no están concientizadas sobre este hecho. Mario, un receptor de un trasplante de riñón, era uno de ellos.
Cuando Mario tenía poco más de veinte años, los profesionales de la salud de su base militar descubrieron que tenía una presión arterial alta alarmantemente alta.
“No me di cuenta de lo grave que era porque no sabía nada sobre la presión arterial, pero por sus caras me di cuenta de que era un problema”, explicó Mario. “Me dijeron que la muestra que habían obtenido de la biopsia renal no era más que tejido cicatricial y que mis riñones estaban fallando. Mis riñones funcionaban solo al 25%”.
Si Mario hubiera sabido cómo controlar y tratar su presión arterial alta, quizá habría podido mantener la función renal durante mucho más tiempo.
Otros factores de riesgo de la enfermedad del riñón son:
- Edad
- Obesidad
- Antecedentes familiares
- Anomalías renales y del tracto urinario
- Enfermedades autoinmunes
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2. Programa tu revisión médica anual
Hacerse las pruebas para detectar una enfermedad del riñón es rápido y sencillo.
Solo necesitas dos pruebas sencillas:
- ACR (relación albúmina/creatinina): un análisis de orina para detectar albúmina, un tipo de proteína. La presencia de proteína en la orina puede indicar que los riñones no funcionan tan bien como deberían.
- Creatinina sérica: la creatinina es un producto de desecho presente en la sangre que, normalmente, eliminan los riñones. Los resultados de esta prueba se utilizarán para determinar tu taza de filtración glomerular (eGFR, por sus siglas en inglés) y el funcionamiento de tus riñones.
¡No esperes más! La detección temprana y el tratamiento pueden ayudarte a mantener la función renal y evitar la falla renal. Haz caso a Coby, un receptor de un trasplante de riñón cuyos riñones dejaron de funcionar tras años de ignorar los síntomas de la enfermedad del riñón, como sangre en la orina, fatiga e hinchazón.
“Me hicieron un análisis de sangre y mi nivel de creatinina estaba por las nubes. Todos mis parámetros renales básicos estaban por los suelos”, cuenta Coby. “Me derivaron a un nefrólogo y eso me dio mucho miedo. Era la primera vez que alguien me hablaba de un trasplante de órgano, y recuerdo que me eché a llorar pensando que mi vida se había acabado”.
Sin embargo, la vida de Coby estaba lejos de haber terminado: ¡el conocimiento es poder! Una vez que los profesionales de la salud supieron lo que estaba pasando, pudieron tratarlo e informarlo. Gracias a los cambios en su estilo de vida y a un trasplante de riñón, Coby se siente mejor de lo que se ha sentido en más de una década.
3. Introduce cambios saludables en tu estilo de vida
Durante estos fríos meses de invierno, es fácil volver a caer en malos hábitos, como descuidar la rutina de ejercicio y excederse con las galletas navideñas. Aunque está perfectamente bien tomarse un respiro y comer alimentos poco saludables con moderación, no se pueden ignorar los fantásticos beneficios de ponerse o mantenerse en forma.
Para Dine, cuyos riñones dejaron de funcionar debido a la IgAN, llevar un estilo de vida saludable le ayudó a mantener la función renal durante casi 15 años.
“Comía de forma saludable, hacía ejercicio con regularidad y meditaba para controlar el estrés. Mis valores de tensión arterial y colesterol se mantuvieron normales. Mis niveles de creatinina y proteinuria se mantuvieron estables”, explicó Dine. “Aunque sufría fatiga, hice todo lo que estaba en mi mano para llevar una vida normal y saludable. Crié a mi hijo y desarrollé una carrera profesional exitosa”.
Aquí tienes por dónde empezar:
- Toma los medicamentos según las indicaciones: ¿Te han recetado medicamentos para ayudarte a controlar tu salud? Tomarlos según lo prescrito te ayudará a controlar las enfermedades crónicas y a conseguir mejores resultados de salud.
- Haz ejercicio: No hace falta que corras maratones ni te conviertas en levantador de pesas profesional para beneficiarte de la actividad física; ejercicios como caminar o nadar funcionan igual de bien. Intenta alcanzar los 150 – 300 minutos de actividad física recomendados cada semana. Si esto te parece abrumador, divide tus sesiones de ejercicio en intervalos de 10 minutos.
- Sigue una dieta sana y equilibrada: opta por una alimentación rica en frutas, verduras y cereales integrales. Elige carnes magras, como el pavo y el pollo, y productos lácteos desnatados o bajos en grasa. Controla la cantidad de sal, azúcar y grasa que consumes. Aquí tienes una lista de alimentos saludables que puedes añadir a tu dieta.
Consigue más consejos que te ayudarán a llevar una vida saludable.


















