La diálisis no limita a una abuela de Long Island

August 12, 2014

Desde que tiene uso de razón, Dolores Bisagni ha padecido presión arterial alta. “Creo que la he tenido desde siempre”, afirma. De alguna manera, la enfermedad se trató, pero nunca se controló del todo hasta hace poco. Dolores afirma que la falla renal que padece ahora es consecuencia directa de una hipertensión no controlada.

Casada desde hace 54 años con su marido Andrew, esta madre de cinco hijos vive en Shirley, Nueva York, una pequeña localidad de Long Island. Cuando su médico de cabecera le diagnosticó falla renal y le recomendó que acudiera a un especialista, Dolores se quedó algo sorprendida. “No había perdido la capacidad de orinar y no presentaba ningún otro síntoma de enfermedad del riñón”. Poco después, comenzó el tratamiento de diálisis, durante el cual una máquina realiza la función de los riñones al depurar la sangre de toxinas.

Dolores lleva dos años sometiéndose a diálisis y no tiene más que buenas palabras para el personal de su unidad. Acude a diálisis los lunes, miércoles y viernes, y afirma que todas y cada una de las personas que trabajan allí son “maravillosas… son un grupo de gente estupenda y cuidan muy bien de mí y de mis riñones”. Cuando no está en diálisis, Dolores se dedica a servir café y a dar consejos en el 7-Eleven del barrio. Lleva 19 años trabajando en el turno de 5 – 10 de la mañana entre semana, pero recientemente ha reducido sus turnos a los martes y jueves debido a su horario de diálisis. Dolores conoce prácticamente a todo el mundo que entra en la tienda. “Supongo que se podría decir que la cafetera es mi fuerte, pero lo que más me gusta del trabajo es hablar con la gente”, dice Dolores, “a la mayoría los conozco desde hace años y los quiero muchísimo”.

Para Dolores, el trabajo es un asunto de familia. La tienda es propiedad de su yerno y la gestiona su hijo, pero que Dios les ayude si se atreven a meterse en la preparación del café. Dolores presume de que la zona del café es estrictamente su dominio. Le encanta tener a su familia cerca. Todos sus hijos viven en Long Island; el más cercano está al otro lado de la calle y el más lejano, a solo 40 millas de distancia. A pesar de estar en diálisis, Dolores sigue teniendo energía para hacerles la comida rápida a sus cinco nietos cuando vienen a cenar durante la semana para ver cómo está.

La tienda 7-Eleven que Dolores considera su segundo hogar apareció recientemente en el programa “Undercover Boss” de la CBS. El director general de la empresa pasó un día intentando descubrir su secreto para vender tantas tazas de café. Pronto se dio cuenta de que era su personalidad afable y la buena relación que tenía con los clientes. Al mismo tiempo, Dolores comentó que “él no habría dado la talla en mi ajetreada tienda”. Desde su debut en televisión, Dolores ha aparecido en una campaña de 7-Eleven para promover la donación de órganos. Su foto aparece en los botes de recaudación con el lema “Todo el mundo conoce a una Dolores”.

Dolores afirma que la campaña sin duda ha suscitado conversaciones sobre la enfermedad del riñón, la diálisis y la donación de órganos, lo cual solo puede ser positivo. Cuando no está en diálisis o sirviendo café, Dolores dedica su tiempo libre a coser, cocinar y hacer recados. Ha sobrevivido a un infarto, a la hipertensión y a la enfermedad del riñón, y su vida rebosa actividad.

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