May 04, 2020
por Elizabeth Fortune, escritora independiente y paciente con insuficiencia renal terminal
Hay días en los que la cuarentena me parece algo normal; otros, me afecta de tal manera que me hace pensar: “¿¡Pero qué demonios está pasando?!”. Como le dije a mi marido un día de la semana pasada, esta no es la primera vez que nos enfrentamos a situaciones difíciles.
La verdad es que mi marido y yo no somos ajenos al autoaislamiento. Llevamos aislándonos de forma intermitente desde 2011, cuando me diagnosticaron cáncer. De hecho, ya llevábamos autoaislándonos desde finales de enero, tras una estancia hospitalaria bastante prolongada. Cuando me dieron el alta, la gripe estaba en pleno apogeo, así que, de todos modos, evitábamos los lugares públicos y el contacto con la gente por precaución.
Le dije que esta cuarentena tenía su lado positivo. Estábamos en la comodidad de nuestro propio hogar, con nuestro gato, nuestra propia comida y todas las cosas que nos gustan para sentirnos a gusto y entretenernos. Le recordé que no estábamos en el hospital, a siete horas de casa, lejos de la familia y de los amigos. Podemos conducir y ver a la familia desde la distancia segura de nuestro coche. Estamos disfrutando cocinando y horneando juntos y probando nuevas recetas. Intentamos sacar lo mejor de la situación.
Nuestro objetivo principal cada día es mantenernos sanos los dos, especialmente mi marido. Aunque yo soy la paciente, me preocupa que mi marido, que es quien me cuida, se ponga enfermo y, a su vez, me contagie. Por eso, las mascarillas son una medida importante para protegernos.
Hacemos diálisis en casa todas las noches, y los dos llevamos mascarillas mientras conectamos mi máquina. En marzo, recibí un mensaje de mi centro de diálisis en el que me decían que ahora teníamos que reutilizar esas mascarillas porque se habían agotado y no podían pedir más. Me molestó bastante ese mensaje y recurrí a Facebook para expresar mi preocupación.
Mi intención al publicar el mensaje era hacer saber a mis amigos que la imposibilidad de conseguir los suministros necesarios para mantenernos sanos afectaba a alguien que conocían y que no se trataba simplemente de una noticia falsa. De inmediato, algunos amigos se pusieron en contacto conmigo para ofrecerme confeccionar unas mascarillas de tela que mi marido y yo pudiéramos lavar y reutilizar. Me quedé absolutamente impresionada por la generosidad de mi comunidad. Acepté la oferta de dos amigas y, en dos días, ya teníamos las mascarillas que necesitábamos. Fue increíble lo rápido que la gente se ofreció a ayudar. También me reconfortó saber que tenía amigas que estaban confeccionando estas mascarillas para otros pacientes que las necesitaban. Desde que recibí estas mascarillas de tela, mi clínica ha introducido cambios para ayudar a proteger a los pacientes, permitiéndoles pedir mascarillas junto con su entrega mensual de diálisis para que puedan mantenerse seguros y sanos.
Puede resultar difícil mantener una actitud positiva en estos tiempos difíciles, pero intento encontrar incluso pequeñas cosas por las que estar agradecida. Hay varias cosas en las que me gusta centrarme. No estoy en el hospital y cuento con un grupo estupendo de seres queridos que nos ayudan a mi marido y a mí para que ninguno de los dos tenga que arriesgarse a salir a la calle. Estoy disfrutando del tiempo para leer y tejer sin sentir que debería estar haciendo otra cosa, y para dedicarme a esos pequeños proyectos en casa para los que aún no habíamos encontrado tiempo.
También estoy agradecida por contar con una comunidad de personas que saben lo que es estar en una situación de salud similar y con las que puedo hablar; eso me ayuda a sentirme un poco menos sola en este mundo. ¿Por qué cosas estás agradecida durante la pandemia?
Elizabeth Fortune vive en Little Rock, Arkansas, con su marido Griffin y su gato, Mr. Meowington. Le diagnosticaron insuficiencia renal terminal (IRT) el 1 de abril de 2014 tras un largo tratamiento contra el cáncer, que incluyó un trasplante completo de médula ósea. Desde entonces, está en diálisis. Ella y su marido fundaron en 2015 una organización sin ánimo de lucro que organiza viajes para supervivientes de cáncer. También es escritora autónoma y especialista en relaciones con los medios de comunicación.


















