February 06, 2026
Por Joseph Vassalotti, director médico de la National Kidney Foundation
Esta nueva serie de entradas de blog está escrita por médicos e investigadores comprometidos con la mejora de la salud renal a través de una atención basada en la evidencia, la colaboración y la detección temprana. Nuestro objetivo es tender un puente entre la investigación, las guías clínicas y la práctica clínica real, analizando lo que sabemos y cómo se presta la atención a los pacientes. Las referencias y los recursos se proporcionan en los hipervínculos.
Tras el anuncio televisivo de la Super Bowl LX, en el que Octavia Spencer y Sofía Vergara promovían la campaña para dar a conocer la uACR, este es un buen momento para reflexionar sobre la albuminuria. Este tema ha suscitado una considerable atención recientemente en el ámbito de la nefrología, pero puede resultar desconocido para los millones de espectadores que lo ven por televisión.
Este artículo analiza en profundidad por qué es importante la albuminuria, cómo se utiliza en la práctica clínica y por qué un aumento de las pruebas podría mejorar los resultados para millones de personas.
La albuminuria ayuda a identificar la enfermedad del riñón en una fase temprana en personas con riesgo, especialmente aquellas con diabetes o hipertensión (presión arterial alta). También permite a los médicos supervisar la progresión de la enfermedad y la respuesta al tratamiento en personas con ERC establecida. A pesar de su importancia a la hora de predecir los resultados tanto renales como cardiovasculares, las tasas de pruebas de albuminuria siguen siendo bajas en las clínicas estadounidenses.
Un aspecto poco valorado en la práctica clínica es quién solicita qué análisis de orina. Los nefrólogos suelen solicitar con mayor frecuencia la relación proteína/creatinina en orina (uPCR), mientras que los médicos de atención primaria son mucho más propensos a evaluar la albuminuria tanto para la detección como para el seguimiento de las enfermedades del riñón.
En un estudio nacional de laboratorio realizado con 28 millones de adultos estadounidenses con diabetes y/o hipertensión, pero sin ERC diagnosticada, el 68.5% de los análisis de uACR fueron solicitados por médicos de medicina familiar y medicina interna, frente a solo un 2.5% por parte de nefrólogos. Por el contrario, la nefrología representó el 54.3% de los análisis de uPCR, frente al 24.8% de la atención primaria.
Es importante destacar que la uACR y la uPCR son pruebas diferentes que proporcionan información distinta. Existe una justificación para utilizar ambas pruebas, especialmente como parte de una evaluación inicial para la detección de proteínas distintas de la albúmina, con el fin de diagnosticar trastornos tubulares y trastornos relacionados con las paraproteínas urinarias. Entonces, ¿a qué se debe tanto revuelo en torno a la albuminuria?
A principios de la década de 2000, la nefrología se encontraba muy por detrás de otras especialidades en lo que respecta a los ensayos controlados aleatorios (ECA). Un estudio de 2004 reveló que la nefrología era la disciplina con menos ECA de entre las trece especialidades de medicina interna. Además, un análisis de los ECA realizado dos años más tarde puso de manifiesto que las personas con ERC solían quedar excluidas y que la albuminuria no se evaluaba en los ensayos cardiovasculares. A lo largo de las últimas dos décadas, la evidencia que respalda la realización de pruebas de albuminuria se ha ampliado de forma constante, abarcando una serie de estudios epidemiológicos que confirmaron la definición de ERC y la estratificación del riesgo o la clasificación mediante mapas de calor, incluido el desarrollo de modelos de predicción de resultados renales y cardiovasculares, y la publicación de criterios de valoración tanto primarios como secundarios en ensayos controlados aleatorizados (ECA) contemporáneos de gran relevancia sobre terapias protectoras renales y cardiovasculares (CREDENCE, CONFIDENCE, DAPA-CKD, EMPA-KIDNEY, FIDELIO, FIGARO, FINE-ONE, FLOW y otros). Hoy en día, realizar un nuevo análisis que compare ensayos clínicos aleatorizados (ECA) de distintas especialidades supondría un cambio metodológico, ya que muchos ensayos actuales recogen tanto los resultados cardiovasculares como los renales.
En colaboración con las agencias reguladoras, la National Kidney Foundation (NKF) estableció una reducción del 30% en la albuminuria como marcador terapéutico en los ECA. En consonancia con ello, la Asociación Americana de Diabetes recomienda una reducción ≥30% en la albuminuria como objetivo terapéutico en la diabetes cuando la uACR supera los 300 mg/g.
Las iniciativas en materia de políticas y calidad están reforzando estos avances. La NKF ha incorporado las pruebas de albuminuria a la medida HEDIS de Evaluación de la Salud Renal (KHE) para los seguros privados y a los programas de calidad de Medicare y Medicaid destinados a los estadounidenses con diabetes. Con el respaldo de la reciente guía de práctica clínica sobre hipertensión de la ACC/AHA, la NKF está trabajando para ampliar la medida KHE con el fin de incluir la hipertensión, además de la diabetes.
En el ámbito de los laboratorios, la Iniciativa de Colaboración con Laboratorios de la NKF ha promovido la estandarización de las pruebas de uACR con la presentación de resultados en mg/g, eliminando el término “microalbúmina”. Los principales laboratorios de EE. UU. ofrecen ahora un perfil renal que combina la taza de filtración glomerular (eGFR, por sus siglas en inglés) con la uACR, lo que simplifica el formato de solicitud y de presentación de resultados. Véase el ejemplo de LabCorp que se muestra junto con el panel metabólico básico.
Más recientemente, la NKF organizó la conferencia “Medición de proteínas urinarias en ensayos clínicos y en la práctica clínica”, en la que se evaluaron los parámetros uACR y uPCR, demostrándose que se prefiere la albuminuria porque los ensayos estarán estandarizados a nivel internacional para 2027, la manipulación preanalítica y la toma de muestras están bien definidas, y la concentración de albúmina está más estrechamente relacionada con los resultados clínicos que la proteína total urinaria, especialmente en personas de alto riesgo.
Entre las mejores prácticas se destacó el uso de muestras de primera orina de la mañana para confirmar la albuminuria y evitar realizar las pruebas durante una infección sintomática del tracto urinario, una enfermedad febril o en las 24 horas posteriores a un ejercicio físico intenso. Iniciativas de implementación como el programa CKDintercept de la NKF han incorporado pruebas sistemáticas de albuminuria mediante la implicación de los responsables del sistema sanitario, la extracción de datos para la función de registro y la transformación de la práctica clínica, tal y como se describe en el “CKD Change Package” de la NKF.
Para las personas que viven con enfermedad del riñón, la NKF ofrece “kidney clips” que ayudan a comprender la clasificación de riesgo del mapa de calor, incluyendo qué se puede hacer para cuidar la salud del riñón. A diferencia de la taza de filtración glomerular (eGFR, por sus siglas en inglés), que suele estabilizarse en respuesta a terapias eficaces, la mejora de la uACR gracias al conjunto de pilares farmacológicos de protección renal y cardiovascular y a las terapias de modificación del estilo de vida hace que la evolución de la albuminuria sea más esperanzadora para las personas que viven con enfermedades del riñón.
Trabajemos para aumentar la realización de pruebas de albuminuria entre los profesionales sanitarios, así como para que el nefrólogo asuma el liderazgo a la hora de promover el uso y la interpretación de la prueba, junto con los profesionales de atención primaria y otros colegas.









