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September 21, 2018
<div>Tres días a la semana, Allen H. Nelson se levanta mucho antes del amanecer y conduce hasta un centro cercano a su casa en Gradyville, Pensilvania, para someterse a su tratamiento habitual de hemodiálisis. Aunque algunos podrían quejarse de tener que madrugar tanto, este abuelo de 78 años y científico farmacéutico jubilado afirma que es un pequeño precio a pagar por un tratamiento que le salva la vida.</div>
El voluntariado como mentor de otros pacientes es una de las muchas formas en que este paciente de diálisis muestra su gratitud por el tratamiento.
Por Tate Gunnerson
Tres días a la semana, Allen H. Nelson se levanta mucho antes del amanecer y conduce hasta un centro cercano a su casa en Gradyville, Pensilvania, para someterse a su tratamiento habitual de hemodiálisis. Aunque algunos podrían quejarse de tener que madrugar tanto, este abuelo de 78 años y científico farmacéutico jubilado afirma que es un pequeño precio a pagar por un tratamiento que le salva la vida.
“Hoy estoy aquí gracias a la diálisis, y eso es lo que le digo a la gente”, afirma Allen, cuyos riñones dejaron de funcionar en 2012 como consecuencia de la diabetes tipo 2. “La diálisis significa vida”.
Allen mandó hacer unos pins con la inscripción “la diálisis significa vida”, que ha regalado al menos a 100 compañeros de su unidad. Es solo una de las muchas formas en que Allen muestra su gratitud por el tratamiento.
Por ejemplo, Allen colabora con el trabajador social de su unidad local para elaborar un boletín mensual que incluye una mezcla de información sobre la diálisis, consejos y chistes. Acaba de terminar la 28.ª edición y, al igual que hizo con las 27 anteriores, Allen la entregará personalmente a los más de 100 compañeros pacientes de su centro de diálisis local, visitando seis turnos a lo largo de dos días. “Los pacientes dicen que les ayuda mucho”, afirmó Allen.
Ayudar a las personas es también lo que inspiró a Allen a convertirse en mentor de compañeros para la National Kidney Foundation. Como parte de su labor como voluntario, Allen habla por teléfono con pacientes de diálisis nuevos y actuales. Su mentee más joven tiene cerca de los 70 años y la mayor tiene 87. A algunas personas les preocupa cómo afectará la diálisis a su energía, su dieta o su esperanza de vida. Otras simplemente quieren hablar con alguien que comprenda por lo que están pasando.
“Cada persona tiene problemas y situaciones diferentes, y es importante comprender esas situaciones para poder ayudarles”, afirmó Allen. “Escuchar es lo más importante que puede hacer un mentor”.
Para beneficiarse del programa de mentoría entre iguales de la National Kidney Foundation (NKF), basta con rellenar y enviar una solicitud en línea. Una vez enviada, un miembro del personal de la NKF se pondrá en contacto para recabar más información antes de seleccionar personalmente a un mentor, quien se pondrá en contacto con el solicitante en el plazo de una semana.
La National Kidney Foundation también gestiona comunidades en línea para pacientes con enfermedad del riñón, en diálisis o con trasplante renal, así como para donantes vivos y padres de niños con enfermedad del riñón. “Si necesitas ayuda, hay lugares donde puedes obtenerla”, afirmó Allen.
Pedir ayuda es uno de los pilares fundamentales de la práctica de mentoría de Allen. Los demás son: seguir las indicaciones del médico, someterse a los tratamientos y ser uno mismo su propio defensor.
Allen afirmó que su experiencia como mentor le ha enseñado que, cuando las personas cambian la forma en que ven su enfermedad, sus miedos suelen disminuir. No hay curas ni tratamientos para muchas enfermedades, señaló, pero gracias a la diálisis, las personas con enfermedad del riñón pueden llevar una vida larga y activa.
Aunque programa dos despertadores para asegurarse de acudir a su tratamiento matutino, Allen explica que a las 9:30 de la mañana ya ha terminado y puede seguir con su día a día. “Llevo una vida relativamente normal”, afirma Allen, “y otros pacientes en diálisis también pueden hacerlo”.









