October 10, 2017
Por Katy Wilkens, máster en Ciencias, dietista titulada y jefa de departamento en Northwest Kidney Centers, Seattle (WA).
El agua es vida. Sin ella, nada podría vivir en el planeta. ¿Cómo de difícil resulta, entonces, cuando tu equipo sanitario de diálisis te dice que limites tu consumo de agua y de todos los líquidos?
Comprender las restricciones en la ingesta de líquidos
Cuando los riñones dejan de funcionar, uno de los efectos secundarios más comunes es la disminución de la producción de orina. Muchas personas en diálisis dejan de producir orina por completo. Dado que la mayoría de los pacientes en diálisis se someten a este tratamiento tres veces por semana, la respuesta habitual de su equipo sanitario para resolver este problema es “restringir la ingesta de líquidos”.
Se considera líquido cualquier sustancia que esté en estado líquido a temperatura ambiente. Por ejemplo: bebidas, sopas, hielo o postres de gelatina.
¿Qué significa restringir los líquidos? Para la mayoría de las personas en diálisis, restringir los líquidos significa limitarse a tres o cuatro tazas de 8 onzas de líquido al día. Si orinas algo, es posible que puedas tomar un poco más. Pregunta a tu equipo de diálisis cuánto líquido puedes tomar cada día.
Otra forma de valorar la ingesta de líquidos es fijarse en cuánto peso por retención de líquidos se gana entre sesiones de diálisis. Para la mayoría de las personas, un buen objetivo es entre 1.5 – 2 kilogramos (3 – 4 libras) entre sesiones de diálisis. Consulte con su médico qué cantidad de peso por retención de líquidos es segura para usted.
Infórmate más sobre la sobrecarga de líquidos y la diálisis.
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Sal y sed
El secreto para no sobrepasar la cantidad de líquido permitida no tiene nada que ver con la fuerza de voluntad ni con el líquido en sí. Tiene que ver con la sal.
La sal te da sed. Cuantos más alimentos ricos en sal o sodio consumas, más sed tendrás. Es difícil, casi imposible, limitar la ingesta de líquidos cuando se consumen alimentos con alto contenido en sodio.
El verdadero truco para mantener a raya la retención de líquidos, de modo que no sufras calambres, bajadas de tensión arterial ni te sientas mal durante y después del tratamiento, es limitar la ingesta de sodio a unos 1,500 mg al día.
10 consejos para controlar la ingesta de líquidos
- Mide tus vasos, tazas y copas para ver cuántas onzas de líquido caben realmente en ellos. Muchos tamaños pueden llevar a confusión.
- Considera líquido todo lo que se derrita a temperatura ambiente: el hielo, los polos, el helado, la sopa y la gelatina cuentan como líquido.
- Utiliza gajos de limón, caramelos ácidos duros, pastillas de menta para el aliento, chicles que calman la sed o un spray bucal para humedecer la boca.
- Come fruta congelada entre comidas en lugar de beber líquidos. Prueba con uvas, arándanos o fresas congeladas.
- Congela zumo de fruta o limonada en una bandeja de cubitos de hielo y utilízalos como parte de tu ingesta de líquidos. Serán más blandos y fáciles de masticar que los cubitos de hielo normales.
- Prueba a utilizar pasta de dientes especial para la boca seca, enjuague bucal o saliva artificial.
- Toma tus pastillas junto con la comida de tus comidas o con alimentos blandos, como puré de manzana o avena.
- Prueba una taza de café expreso o café fuerte después de las comidas para obtener el mismo ‘impulso’ sin tener que beber un gran volumen.
- Comprueba el envase de las barritas de helado, los polos, los refrescos, la cerveza, etc., y fíjate en cuántas onzas contienen.
- Mide parte de tu ración diaria de líquidos en forma de cubitos de hielo y guárdalos en un recipiente especial en el congelador. El hielo está compuesto aproximadamente por la mitad de agua en volumen y, a menudo, resulta más satisfactorio que la misma cantidad de agua porque permanece más tiempo en la boca. Una bandeja de cubitos suele contener unas 2 tazas de líquido.
Sigue aprendiendo a controlar la ingesta de líquidos si padeces una enfermedad del riñón.
5 consejos para reducir la ingesta de sodio
- Elige alimentos “equilibrados” que contengan aproximadamente la misma cantidad de sodio que de calorías. Si tu comida para microondas tiene unas 600 calorías y unos 600 mg de sodio (una proporción de aproximadamente 1 a 1), se trata de un alimento equilibrado; en comparación con una lata de sopa, que tiene 90 calorías y 900 miligramos de sodio, lo que supone una proporción de aproximadamente 10 a 1.
- Compra y cocina “alimentos integrales” tal y como los ofrece la naturaleza, en la medida de lo posible. Los alimentos altamente procesados enlatados, congelados o envasados suelen tener un alto contenido en sal. Cuanto más tiempo se conserven, más probable es que tengan un alto contenido en sodio.
- Lee las etiquetas. Cada vez que vayas a hacer la compra, proponte encontrar al menos un alimento con menos sal para sustituir a tus opciones habituales. Con solo leer las etiquetas, puedes ahorrarte más de 400 mg de sodio en dos cucharadas de aderezo para ensaladas.
- Utiliza hierbas frescas para dar sabor a tus platos. Cada semana, compra un manojo de perejil y colócalo en un vaso con agua sobre la encimera de la cocina. Cada vez que cocines, coge un puñado, pícalo y añádelo a la comida. Las hierbas frescas aportan sabores increíbles a la salsa para espaguetis, las sopas, los guisos y las ensaladas. Los estudios demuestran que las personas reducen mejor su consumo de sodio cuando utilizan hierbas frescas. Si tienes espacio, cultívalas en una maceta en tu terraza o en un parterre de tu jardín; así ahorrarás dinero y darás más sabor a tus platos.
- Ten a mano unas tres recetas básicas que puedas preparar rápidamente con los ingredientes que ya tienes, y guarda en el congelador algunas comidas congeladas bajas en sodio. Cualquiera de estas opciones es mucho mejor, más saludable y más rápida que comer fuera cuando andas justo de tiempo.


















