El alcohol y los riñones

El consumo de alcohol puede dañar los riñones y provocar presión arterial alta, deshidratación y enfermedades hepáticas. Limita el consumo de alcohol para proteger la salud renal.

El consumo de alcohol puede afectar a muchas partes del cuerpo, incluidos los riñones. Una pequeña cantidad de alcohol —una o dos copas de vez en cuando— no suele tener efectos graves. Sin embargo, beber en exceso puede perjudicar la salud. También puede agravar la enfermedad del riñón.

¿Cómo daña el alcohol los riñones?

Los riñones filtran las sustancias nocivas de la sangre. Una de estas sustancias es el alcohol. El alcohol puede provocar alteraciones en el funcionamiento de los riñones y reducir su capacidad para filtrar la sangre. Además de filtrar la sangre, los riñones realizan muchas otras funciones importantes. Una de ellas es mantener la cantidad adecuada de agua en el organismo. El alcohol afecta a la capacidad de los riñones para llevar a cabo esta función. Cuando el alcohol deshidrata (reseca) el organismo, este efecto puede afectar al funcionamiento normal de las células y los órganos, incluidos los riñones.

El consumo excesivo de alcohol también puede afectar a la presión arterial. Las personas que beben en exceso tienen más probabilidades de padecer presión arterial alta. Además, el alcohol puede interferir en la acción de los medicamentos para la presión arterial alta. La presión arterial alta es una causa frecuente de enfermedad del riñón. Tomar más de dos bebidas alcohólicas al día puede aumentar el riesgo de padecer presión arterial alta.

El consumo crónico de alcohol también puede provocar enfermedades hepáticas. Esto supone una carga adicional para los riñones. El flujo sanguíneo hacia los riñones suele mantenerse a un nivel determinado, de modo que estos puedan filtrar bien la sangre. Las enfermedades hepáticas alteran este importante equilibrio. De hecho, la mayoría de los pacientes en Estados Unidos que padecen tanto una enfermedad hepática como una disfunción renal asociada son dependientes del alcohol.

El recorrido del paciente con NKF: Enfermedad renal crónica, imagen de dos caminos que se bifurcan

Tu salud renal es única. Tu tratamiento también debería serlo.

¿Cuánto alcohol se considera excesivo?

Cuando los expertos hablan de una bebida, se refieren a una botella de cerveza de 12 onzas, una copa de vino (5 onzas) o un chupito (1.5 onzas) de “licor fuerte”.

Tomar más de tres bebidas al día (o más de siete a la semana) en el caso de las mujeres, y más de cuatro bebidas al día (o más de 14 a la semana) en el caso de los hombres, se considera un consumo “excesivo” de alcohol. Los riñones de las personas que beben en exceso tienen que trabajar más. Se ha comprobado que el consumo excesivo de alcohol de forma habitual duplica el riesgo de padecer una enfermedad del riñón.

El consumo excesivo de alcohol (normalmente más de cuatro o cinco bebidas en dos horas) puede elevar el nivel de alcohol en sangre de una persona hasta niveles peligrosos. Esto puede provocar una caída repentina de la función renal conocida como “lesión renal aguda”. Cuando esto ocurre, es necesaria la diálisis hasta que la función renal de la persona vuelva a la normalidad. La lesión renal aguda suele desaparecer con el tiempo, pero en algunos casos puede provocar daños renales permanentes.

Hay personas que no deberían beber en absoluto. Pregunte a su profesional de la salud si es seguro que beba, especialmente si padece alguna afección médica o toma medicamentos que puedan verse afectados por el consumo de alcohol. Las mujeres, las personas mayores y aquellas con una complexión más pequeña deben tener especial cuidado. Por supuesto, se recomienda a las mujeres embarazadas que no consuman alcohol.

¿Qué puedes hacer?

Consulta siempre con tu profesional de la salud para asegurarte de que puedes consumir alcohol sin riesgo. Aunque sea seguro, es importante beber con moderación. Una buena pauta es: no más de una o dos copas al día para los hombres y una copa al día para las mujeres y las personas mayores de 65 años.

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Este contenido se proporciona únicamente para el uso informativo y no se pretende como consejo médico o como sustituto del consejo médico de un profesional de la salud.
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